[Sun Jul 31 16:40:28 CEST 2011]

Como de costumbre, ando algo retrasado en mis lecturas. Así que acabo de leer el artículo de Javier Cercas sobre el movimiento 15-M publicado por El País Semanal el domingo pasado. Estoy completamente de acuerdo con el párrafo que viene a cerrarlo:

Pero el artículo que más me hubiese gustado escribir hubiera sido un artículo que contuviese una defensa feroz de Europa. Se preguntarán ustedes qué tiene que ver el 15-M con Europa; mi respuesta es que no sé si tiene que ver, pero deberí tenerlo. Sobra decir que no comparto todas las propuestas y proclamas del 15-M; algunas, francamente, me parecen idiotas (y más de una, peligrosa). Pero eso no significa que no comparta lo esencial o lo que a mí me parece esencial: necesitamos más y mejor democracia. De ahí que eche de menos en el 15-M un énfasis mayor en Europa, porque no puede haber más y mejor democracia sin más y mejor Europa y, por tanto, sin menos nacionalismo (menos nacionalismo catalán o vasco, por supuesto, pero sobre todo menos nacionalismo alemán, francés, español, etcétera). De hecho, todo indica que la única solución a esta crisis que no acaba y que ha sido el detonante del 15-M no es menos, sino más Europa, porque sólo un Gobierno europeo de verdad podría imponer reglas de verdad a unos mercados cuya falta de reglas ha provocado la crisis, y porque sólo un Gobierno europeo de verdad podría sacarnos del aprieto (la deuda griega significa en torno al 2% del PIB europeo: para una Europa unida, eso no es un problema; a la desunida Europa actual, en cambio, puede arrastrarla a la catástrofe). Durante más de dos siglos, Europa ha sido, si se me permite el oxímoron, nuestra única utopía razonable; a mí me parece que sigue siéndolo.

No parece, sin embargo, que vayan por ahí las cosas. Más bien al contrario, ya ha habido varias manifestaciones del movimiento del 15-M que pudieran considerarse hasta cierto punto euroescépticas. De todos modos, aun estando de acuerdo con Cercas, el problema, por supuesto, es cómo construir una Europa más unida que, al mismo tiempo, sea más democrática que las instituciones comunitarias actuales. O, lo que es lo mismo, cómo construir una organización supranacional con poderes realmente efectivos, pero que al mismo tiempo pueda ser controlada por parte de los ciudadanos en las urnas y a través de otros mecanismos de participación, en lugar de caer presa de los grupos de presión y el dinero, tal y como acabó sucediendo con las instituciones federales en los EEUU. Ahí está el reto. {enlace a esta entrada}

[Sat Jul 30 20:32:26 CEST 2011]

Seguimos con los análisis de la situación política española tras el anuncio de elecciones anticipadas. El País publica hoy también un artículo de Alejandro Bolaños titulado La envenenada herencia económica del presidente que viene a resumir bastante bien de dónde vienen los problemas de Zapatero:

La debacle financiera de 2008 dejó a Zapatero en un estado de estupor del que le costó recuperarse. Durante meses negó la crisis, luego la relativizó y solo cuando los mercados y la UE empezaron a mostrar una creciente preocupación por el futuro próximo de España, el presidente del Gobierno dio un controvertido golpe de timón. El cambio fue tan radical como para refundar la legislatura a medio camino. En 2009, España fue uno de los países que más usó los estímulos públicos para reactivar la economía, con resultados escasos. Desde mayo de 2010, lo prioritario es reducir el déficit público, aunque sea a costa del salario de los funcionarios, de rebajar el gasto en políticas sociales o en inversiones antes imprescindibles o de congelar las pensiones.

Esa metamorfosis fue radical. De las intuiciones sociales de la primera legislatura y del tratamiento keynesiano en las primeras etapas de la crisis se pasó de golpe a los recortes y tijeretazos. Esa conversión de Zapatero se produjo después del fin de semana del 9 de mayo: los mercados y los socios europeos le exigieron un cambio de rumbo espectacular. Alemania pidió a España recortes draconianos, de hasta 35.000 millones. Finalmente fueron 15.000, con rebajas de sueldo a los funcionarios, congelación de las pensiones, reducción del gasto público e inicio de la senda reformista, que Zapatero emprendió con aquel tono de penitente del "cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste".

La reforma laboral o la reforma de las pensiones sustentan la idea de que en mayo de 2010 la legislatura dio un giro copernicano. La realidad es que en este tiempo el Gobierno apenas ha podido taponar la sangría, que las costuras amagan con reventar cada vez que los mercados encarecen los costes de financiación de las Administraciones, las empresas y las familias. El paro superó los 4,9 millones de personas en el primer trimestre, el crecimiento no llega a unas décimas del PIB, el cambio del patrón económico ni se atisba (el gasto en I+D bajó elo año pasado) y la abultada prima de riesgo que pagan los bonos españoles, pese al reciente acuerdo europeo sobre Grecia, da fe de la poca fe de los mercados.

En fin, negación de la crisis primero y políticas improvisadas después. Seamos justos, Zapatero aplicó las mismas políticas que el resto del mundo desarrollado (incremento del gasto público en un primer momento para reactivar la economía o, cuando menos, reducir el efecto de la recesión, y austeridad en un segundo momento para que la deuda pública no se desbocara). El problema no es tanto las políticas que aplicó como la forma en que se aplicaron. Como decíamos, comenzó algo tarde por su empeño pueril en negar la evidencia de que estábamos ante una crisis global que, tarde o temprano, también llegaría a España. Pero es que, por si esto fuera poco, la política keynesiana de manual que aplicó en un primer momento se malgastó en obrillas del tres al cuarto permitiendo que cada ayuntamiento invirtiera en lo que le viniera en gana, en lugar de usar el dinero para infraestructuras, educación o incentivos fiscales a las empresas. Y, finalmente, la política de austeridad también comenzó a aplicarla cuando ya no tenía otra opción, forzado por los mercados y los socios europeos, sobre todo Alemania. En definitiva, un error tras otro. Cuando pase el tiempo, imagino que lograremos ver la parte positiva de su presidencia, que también la ha habido. No obstante, me parece que se le va a recordar como una especie de Carter español, es decir, un presidente con buenas intenciones, pero totalmente incapaz de hacer frente a la situación de crisis con que se encontró. Lo malo es que, me temo, Rajoy tampoco es Ronald Reagan. {enlace a esta entrada}

[Sat Jul 30 10:11:41 CEST 2011]

No cabe duda alguna de que la noticia del día (bueno, de hecho lo viene siendo desde ayer al mediodía) es la convocatoria anticipada de las elecciones anunciada por Zapatero. No hace falta ser un hacha para darse cuenta de que esto ya se veía venir. No faltará ahora quienes afirmen solemnemente que ellos ya lo sabían, dando a entender que tienen acceso al círculo más cerrado del poder, pero en realidad se trataba de un secreto a voces desde hacía tiempo. Sencillamente, la situación era ya insostenible y eso estaba bien claro, por más que el propio Zapatero siguiera negándolo. Ayer, en cambio, mantenía algo bien distinto:

"Es conveniente que el Gobierno que salga elegido en las urnas afronte desde el 1 de enero el ejercicio económico y las responsabilidades del país. La certidumbre es estabilidad y ha pesado en mi ánimo fijar un calendario claro. El 1 de enero, el nuevo Gobierno debe trabajar en la recuperación económica, en la reducción del déficit y debe garantizar la consolidación de la recuperación", aseguró Zapatero en La Moncloa al anunciar su decisión.

El problema, por supuesto, es que esos mismos argumentos también podían aplicarse hace tan sólo unas semanas, cuando el propio Zapatero y todos los demás dirigentes socialistas negaban en redondo que fueran a convocarse elecciones anticipadas... precisamente porque vendría a causar incertidumbre. O, lo que es lo mismo, que las elecciones anticipadas causan incertidumbre si las pide el líder de la oposición, pero son garantía de certidumbre y estabilidad si las convoca uno mismo. Una vez más, Zapatero evidencia su habilidad para sostener dos puntos de vista contrarios e incompatibles al mismo tiempo, además de tener la cortedad de miras de negar la realidad para, poco después, reconocerla, aunque sea tarde y mal. En fin, es algo parecido a lo que le sucedió con la crisis económica, cuya realidad se empeñó en negar durante demasiado tiempo para, una vez desatada y haciendo estragos, reconocerla tarde y de mala gana, proponiendo medidas de medio pelo para salirle al paso al problema. El editorial de El País da en el clavo en este sentido:

El anuncio del adelanto es una fiel imagen de quien lo ha decidido. Zapatero ha desmentido hasta el último minuto la disolución anticipada y ha defendido la terminación ahora de la legislatura por la necesidad de "proyectar certidumbre política y económica", el mismo argumento que le venía sirviendo para lo contrario, es decir, llegar hasta marzo. Ha elegido el último día de agosto para marcar el último tramo de su agenda de Gobierno, adelantando así incluso el anuncio del adelanto para sacarse toda la presión de encima: el 26 de septiembre será el día en el que firmará la convocatoria. Con casi dos meses de margen por delante, estos argumentos perentorios para despejar incertidumbres hubieran servido para firmar la disolución ahora y celebrar las elecciones todavía antes, en octubre. El empecinamiento presidencial llega hasta insinuar el exacto cumplimiento de unos planes fraguados hace ya tiempo, mantenidos en prudente secreto e incluso desmentidos públicamente, aun a costa de dar pábulo a quienes le atribuyen una conflictiva relación entre sus palabras y la verdad.

En otras palabras, estamos viendo, nuevamente, clara evidencia de una de las debilidades más serias de Zapatero como Presidente: su constante improvisación. Hay quien dice que no es así, que el Presidente calibra perfectamente todos sus pasos y los planea con muchísima anticipación. Tal vez. El propio Zapatero, como acertadamente indica el editorialista de El País, afirma que todo esto se ajusta al plan que elaboró hace ya varios meses. Es posible. No tenemos porqué dudar de su sinceridad cuando hace dicha afirmación, aunque entonces no tenemos más remedio que dudar de su sinceridad hace pocas semanas cuando todavía repetía una y otra vez que lo mejor para la economía del país era finalizar la legislatura y convocar elecciones en marzo del 2012. Seamos honestos. Desde luego, ni él ni ningún dirigente socialista puede culpar al ciudadano medio por tener la impresión general de que Zapatero improvisa constantemente y aplica siempre la política del zig-zag. La evidencia es, sencillamente, aplastante.

Por cierto, que El País publica hoy un artículo de Luis Aizpeolea sobre las dos legislaturas de Zapatero que viene a resumir bastante bien lo que debiera ser su legado más positivo:

Al anunciar las elecciones generales dos meses después de la derrota estrepitosa del PSOE en las municipales de mayo y cuando aún la cifra de parados se acerca a los cinco millones, Zapatero arriesga un juicio muy crítico de su política. Él mismo ha admitido como un error el tardío reconocimiento de la profundidad de la crisis y se havisto emparedado entre quienes opinan que no ha sabido acertar en las medidas y quienes consideran que tras el ajuste de mayo de 2010 ha traicionado los intereses del electorado progresista.

Pero se necesita perspectiva para hacer balance de lo que han supuesto estas dos legislaturas de Zapatero. En este tiempo ha realizado una ambiciosa política de ampliación de derechos sociales y civiles: la puesta en marcha del cuarto pilar del estado de bienestar y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Zapatero suele situar como uno de los momentos más felices de su vida política la aprobación de esta ley, junto con sus dos victorias electorales.

También cabe reseñar el intento de culminar asignaturas pendientes de la transición democrática: el reconocimiento de las víctimas de la Guerra Civil y el final del terrorismo etarra. Pese al fracaso táctico de aquel proceso por el atentado de ETA en Barajas, cada vez está más reconocido su éxito estratégico. Cuando asistimos a la etapa terminal del terrorismo etarra, se puede decir que la clave está en el enfrentamiento entre la banda y su antiguo brazo político. Y ese enfrentamiento solo se explica por aquel proceso abierto por Zapatero en su primera legislatura.

El esfuerzo reformista de Zapatero —el presidente más a la izquierda de la democracia, para muchos— se encontró desde el comienzo con una oposición radical de la derecha política mediática que Felipe González no la tuvo hasta su última etapa. Desde acusaciones de implicación del PSOE en el atentado terrorista del 11 de marzo de 2004, a las de ruptura de la unidad de España por el debate del Estatuto catalán y el proceso de paz de 2006.

Pese a esas campañas, Zapatero nunca perdió las formas. A sus próximos siempre les ha dicho que los ataques de la derecha, por muy ultras que fueran, nunca le han preocupado. No le ha sucedido lo mismo con los ataques de medios progresistas.

Zapatero se siente muy identificado con Barack Obama, sobre todo por los ataques tan desaforados que sufre desde los sectores más ultras. En clave nacional, su final tiene algunas similitudes con el de Adolfo Suárez. Aunque no es tan dramático, coinciden en su alto nivel de impopularidad. Pero también, como ha sucedido con Suárez, con el tiempo se reconocerá el impulso de Zapatero en dos asuntos transcendentes: la ampliación de los derechos sociales y el final del terrorismo.

Me parece correcto el análisis de Aizpeolea. Ahora, con la distancia que da el tiempo, parece que el primer gran error de Zapatero no fue tanto la apertura de conversaciones con el entorno abertzale para poner fin al terrorismo etarra (se ponga como se ponga la derecha, mediática y no mediática, estoy convencido de que la amplia mayoría de los ciudadanos, sobre todo los moderados, que son los que importa, comparten esa estrategia que es, además, la única que tarde o temprano vendrá a poner punto y final a tan sangrienta historia), sino más bien abrir el melón de la reforma de los estatutos de autonomía sin tener una clara ruta de guía para marcar las líneas. Creo que fue ahí donde el proyecto Zapatero entró en vía muerta, algo que después vendría a apuntillar la mayor crisis económica desde los años treinta. Esto último, por supuesto, no puede achacarse a su gestión, pero se ha convertido claramente en el tema central de su gestión en los últimos dos o tres años. {enlace a esta entrada}

[Thu Jul 28 21:34:25 CEST 2011]

Leo un artículo publicado por The Economist hace ya varios días sobre la crisis de la deuda en la Unión Europea que, me parece, viene a resumir las grandes líneas del problema bastante bien:

In other words, European governments are confirming that they no longer have the political will to kick in the cash so that a member country that finds itself under attack in the bond market can make good on its debt at par value. Notwithstanding all the protestations in yesterday's summit that Greece will never be repeated, investors now believe that euro-zone governments will demand that creditors take a hit for having had the poor judgment to lend to a euro-zone member country that gets into trouble. If, for example, the bond vigilante attack on Italy worsens to the point that Italy finds it can't meet its obligations, the Germans won't say, oh, darn those pesky creditors; here's the money you need to pay them, Italy, and pay us back once they go away. They'll say, the pesky creditors hav no one but themselves toblame for lending to those dodgy Italians, and we expect them to contribute to paying for this mess, just as they did with Greece, by either prolonging their debt or accepting lower returns. And because investors now expect that this will be the European reaction, when rates start to rise for a potentially vulnerable euro-zone country, they won't rise slowly and steadily. They'll jump radically, as creditors start to see not just whatever concrete problems are leading to higher risk assessments (budget deficits, slow growth), but the extraneous political risk that the EU may force them to take a haircut.

Lo que me parece más interesante del párrafo que acabamos de citar no es tanto la claridad con la que su autor explica las razones por las que el precio de la deuda en los países de la eurozona obviamente debe inflarse para que los prestamistas se muestren dispuestos a asumir los riesgos. Eso entra dentro de lo normal, creo. Lo que llama la atención no es eso, sino la naturalidad con la que se nos explica que los Estados deben garantizar con el dinero público la inversión de quienes deciden invertir en la deuda. En otras palabras, el Estado como mero apéndice de los intereses financieros de la burguesía, tal y como lo describieran los marxistas tradicionalmente. El autor lo expone todo y se queda tan pancho. Lo ve como lo más normal del mundo. Todo esto tiene bien poco que ver con la retórica sobre el capital-riesgo y la capacidad de innovación del capitalismo, por supuesto. Se nos está diciendo bien a las claras que no tenemos más remedio que ceder al chantaje de los inversionistas y garantizarles a través del Estado que van a obtener un interés seguro a cambio del préstamo que conceden a los países miembros de la eurozona. ¡Qué lejano todo esto de los cantos a la iniciativa empresarial de Margaret Thatcher y Ronald Reagan en los años dorados del neoliberalismo! {enlace a esta entrada}

[Wed Jul 27 20:12:17 CEST 2011]

Sin lugar a dudas, la noticia del día es que la Generalitat valenciana autorizó créditos al 0% al Consejo de Administración de la Caja Mediterráneo, que ha tenido que ser intervenida por el Banco de España recientemente para evitar males mayores.

Los malos resultados de la CAM no impidieron a sus consejeros autoconcederse 161 millones en créditos, entre 2004 y 2010. Mientras tanto, sus clientes sufren ahora para que les concedan los préstamos o los reciben a precios elevados. La generosidad de la CAM con sus consejeros llegó incluso a permitir algunas líneas de descuento y préstamos a cinco y seis años al 0% de tipo de interés. Esto sucedió sobre todo en 2008, y los agraciados fueron Modesto Crespo, que luego ocupó la presidencia, Manuel Navarro, Gregorio Fernández y Juan Ramón Avilés, según los datos del informe de Gobierno Corportativo de la entidad. En total dispusieron de hasta 4,6 millones sin intereses. En 2008 los tipos de interés oficiales estaban en torno al 4%.

En otros ejercicios también se concedieron créditos ventajosos, aunque sin llegar a precios tan atractivos. En 2004 fueron habituales los préstamos al Euríbor más 0,75 puntos o al 3% directamente. Lo mismo ocurrió en años porteriores, aunque los importes fueron subiendo de forma exponencial. Aniceto Benito, expresidente honorario del PP de Alicante y del Hércules, destaca por haber recibido alrededor de 50 millones en cinco ejercicios. Antonio Magraner, Juan Ramón Avilés y Ginés Pérez Ripoll, también destacan por las fuertes cantidades que obtuvieron como créditos o descuentos comerciales.

Esta práctica no era un secreto. Crespo y María Dolores Amorós, directora general, tenían la facultad de conceder créditos solo con el acuerdo de ambos en casos de urgencia. No obstante, todos los miembros del consejo eran informados de las operaciones. Pero eso no quedaba dentro de la propia entidad. La Generalitat valenciana también conocía lo que estaba ocurriendo. El Gobierno valenciano autorizó cada uno de estos préstamos, como establece la Ley de Cajas de la Comunidad de Valencia, que data de 1997.

En fin, ¿qué cabe decir ante esta historia de horrores? Si acaso, que no debe extrañar a nadie que los políticos sean vistos por tantos ciudadanos como uno de los principales problemas del país en estos momentos. Habría que añadir, por supuesto, que por más que parezca lógico sentir cierto temor ante el proceso privatizador de las cajas de ahorro al que hemos asistido durante este último año, no por ello debemos dejar de observar también que las cajas se habían convertido hace tiempo ya en una auténtica cueva de ladrones como consecuencia de su excesiva politización. {enlace a esta entrada}

[Mon Jul 25 09:12:12 CEST 2011]

Aunque imagino que no debe ser demasiado popular reconocer esto, al menos entre la gente de izquierdas, la verdad es que desde mis años universitarios me han gustado bastante los escritos de Luis Racionero. Quien antaño fuera admirador de la contracultura hippie y cercano al PSOE del cambio a principios de los ochenta, acabó unos quince años después desempeñando un cargo menor en uno de los Gobiernos de Aznar. No estoy seguro ahora mismo, pero creo que en su momento le nombraron director de la Biblioteca Nacional o algo por el estilo. No sé si esto implica que Racionero se pasó de la izquierda a finales de los setenta (aunque fuera más bien la gauche divine barcelonesa, eso sí) a la derecha aznarista. Al fin y al cabo, no veo por qué no pueda continuar sosteniendo ideas progresistas y colaborar con un Gobierno del PP en un puesto eminentemente técnico, como es el de director de la Biblioteca Nacional. En todo caso, nada de ello debiera interferir con la idea que podamos hacernos de su obra. En el caso de Racionero, aunque realmente no podamos decir que ninguno de sus libros sea una obra maestra, me atrae muchísimo la mezcla de cultura general, actitud reflexiva, tolerancia, moderación y apertura mental que parece practicar el autor. Viene todo esto a cuento de unas citas tomadas de libros de Racionero que me he encontrado navegando por la web y que paso a transcribir a continuación. Tenemos, en primer lugar, una cita tomada de su obra El arte de escribir sobre la emoción y el placer del acto creador:

[...] el arte debe despertar resonancias en numerosos individuos, lo cual se logra, según Jung, activando arquetipos del subconsciente colectivo. Conforme a esta concepción, artista es todo aquel que habla mediante imágenes primordiales comprensibles intuitivamente por la mayoría de los hombres. Cuando el arte no es comprensible colectivamente y permanece a un nivel personal, entonces es solamente expresión de la neurosis del autor, que, salvo en casos excepcionales, como Kafka, interesa muy poco. Como debido a la ruptura del canon cultural los críticos se han quedado sin criterios, los verdaderos artistas son eclipsados por una nube de neuróticos que expresan sólo sus incoherentes personalidades, lo cual, aunque útil para ellos, que de esa forma se subliman, es desconcertante y perjudicial para el espectador, a quien tales obras no producen energía emocional, sino sensación de vacío, y, lo que es peor, le hacen creer que no está a la altura necesaria para comprender la "obra de arte". El arte fruto de una obsesión personal es elitista, útil para el autor, pero estéril para la colectividad. Para que el arte desempeñe una función social debe ser transpersonal, captando, resumiendo e intensificando los grandes temas de la sociedad en las condiciones concretas en que vive .

Puede sonar como un viejo gruñón conservador, pero no por ello le falta buena parte de razón. ¿Acaso no reconocemos claramente en esa descripción de Racionero casi todo el arte contemporáneo que vemos? ¿Cómo puede parecernos extraño, entonces, que tanta gente corra a buscar refugio en la literatura de best seller y música pop? Sencillamente, la mayoría de artistas han abandonado su función social y se han entregado en cuerpo y alma a regodearse en sus propias neurosis y mirarse el ombligo, lo cual, como es lógico, sólo puede atraer a un pequeño número de fieles y a quienes gustan de verse a sí mismos como "élite".

Pero, ¿cómo hemos podido llegar a esta situación? Otra cita de Racionero, esta vez tomada de su obra El progreso decadente viene a iluminar las circunstancias en que se ha producido y desarrollado:

Dice Gombrich que en arte no hay progresos, sino propósitos; cada propósito genera una forma artística incomparable en el espacio y en el tiempo; entre propósitos hay períodos de cambio, momentos de prueba y error, de gritos y susurros. El ciclo artístico del siglo XIX acabó con el simbolismo, último estertor del romanticismo; la cultura occidental entró en la fase denominada modernidad, que no es un paradigma estilístico consolidado, sino un período de investigación para llegar a un nuevo paradigma que no se ha encontrado todavía. El nuestro es un arte de investigadores más que de creadores, de pruebas más que de obras. Como la gente prefiere ver la torre Eiffel terminada a contemplar los ensayos materiales o los cálculos matemáticos preliminares, se resiste a entrar en un arte de esbozos y experimentos; de ahí la falta de conexión con el público característica de nuestra era.

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[Sun Jul 24 12:37:16 CEST 2011]

Me temo que los dirigentes socialistas juegan con fuego al centrar su campaña (al menos de momento) en el mensaje de que Rajoy no hace ninguna propuesta en positivo. Como muestra, un botón. El País publica hoy una entrevista con Elena Valenciano de la que destacan su afirmación de que "El flanco débil del PP es Rajoy, nadie sabe quél piensa":

Nadie sabe quién es Rajoy, ni qué piensa. No decide nunca nada. Pero en un país que debe aún pelear duramente para apuntalar un futuro mejor, es un perfil inadecuado. En cambio, Rubalcaba, allí donde ha estado, ha arreglado las cosas.

¿Por qué digo que me parece que están jugando con fuego? Dejemos de lado por un momento el hecho de que cualquier ciudadano también podría lanzar una acusación similar contra Rubalcaba (¿cuál es el Rubalcaba auténtico, el rabiosamente izquierdista de ahora o el que ha formado parte de los gobiernos de Zapatero y se ha corresponsabilizado por tanto de sus políticas? ¿O quizá el que ya formara parte de los gobiernos de Felipe González allá por los años ochenta y que no parecía entonces nada proclive a dejarse llevar por veleidades izquierdistas?). El problema que veo con esta estrategia es que se lo juega todo a una carta, la supuesta indefinición de Rajoy. Un mero cálculo electoral nos hace ver que, desde luego, no le conviene definirse de forma tan temprana. Sin embargo, nadie puede descartar que, conforme se acerque el momento de las elecciones generales, Rajoy lance dos o tres propuestas claras y bien definidas, consiguiendo con ello erosionar la idea de que es incapaz de mojarse y, de paso, dejando a los socialistas con el culo al aire. De hecho, me parece que es lo más probable que haga. Cierto, al definirse podría perder algunos votos. Pero también ganaría otros y, sobre todo, desarmaría la principal arma que está usando el contrario para atacarle. {enlace a esta entrada}

[Sat Jul 23 14:54:21 CEST 2011]

Me ha gustado mucho el artículo de Francisco G. Basterra titulado Europa medio despierta que publica hoy El País. A raíz de las últimas medidas anunciadas por la Unión Europea para hacer frente a la crisis de la deuda, Basterra señala:

El volantazo no es menor. La UE acepta la necesidad de una estrategia de crecimiento reconociendo que el apretado de clavijas presupuestario hundiría aún más a los ahogados. Europa medio despierta. El temido fantasma del momento Lehman Brothers no se ha aparecido. No es exactamente un Plan Marshall, pero sí pretende convertir el Fondo de Estabilización en una suerte de Fondo Monetario europeo, capaz de comprar deuda en los mercados secundarios.

¿Rescate de Grecia o reestructuración de la deuda? ¿Cortafuegos suficiente o tirita más ancha? No eran los mercados, estúpido, no se trataba de un problema técnico, no era solo un asunto griego, era la política, más bien la falta de política europea, la irresponsabilidad de sus líderes, la inacción, lo que ha sembrado el pánico en los mercados. Siendo optimistas, podemos pensar que el corazón europeo vuelve a latir porque su miocardio, fundamentalmente Alemania y Francia, se han dado cuenta de que solo una mayor integración política, fiscal y económica, con nuevas pérdidas de soberanía nacionales, logrará salvar el proyecto europeo. Merkel, que carece de la pasión europea de antiguos cancilleres democristianos de su partido, como Adenauer o Kohl, deberá remar a contracorriente de su opinión pública y explicar a sus ciudadanos que el interés superior de Alemania pasa porque continúen pagando más Europa. La canciller ya no puede seguir dando carnaza populista al Bild Zeitung, le toca ser estadista. Debe colgar el uniforme de señora Thatcher y, con él, su visión contable de la Unión.

Europa, escribe Philip Stephens en el Financial Times, debe dejar de ser westfaliana, organizada de nuevo alrededor de la soberanía nacional. Voltear la renacionalización actual de las políticas no va a ser sin emabrgo suficiente. Europa necesita un nuevo relato. El proyecto de paz para evitar nuevas guerras intraeuropeas es ininteligible para las nuevas generaciones. El semanario Die Zeit estima que Europa no va a encontrarse en la vieja Europa. Requerirá el vigor y el lenguaje de una nueva generación de políticos que sepan conectar con la ciudadanía. Los estamos esperando. Ha sido Obama quien llamó a Merkel instándole a actuar para detener el contagio de la deuda europea. El presidente norteamericano aún tiene que desactivar el juego de la ruleta rusa al que le obligan a jugar los fundamentalistas republicanos, que antes que subir impuestos prefieren el suicidio político. Parece que, también al borde del precipicio, conseguirá un acuerdo para elevar el techo de la deuda, evitando una bíblica y apocalíptica quiebra de EEUU.

Dejemos de lado estos últimos comentarios sobre la situación en los EEUU y centrémonos en su lugar en la crisis del proyecto de integración europea. Como acertadamente afirma Basterra, el evitar nuevas guerras europeas ya no es suficiente para ofrecer un aliciente a las nuevas generaciones. Eso funcionó aproximadamente hasta finales de los setenta, pero no a partir de ese momento, cuando los estadistas europeos cambiaron el discurso y renovaron el proyecto con un contenido más positivo: la creación de un mercado y una moneda únicas. Pero eso ya se consiguió y, además, ha comenzado a mostrar algunas grietas como consecuencia del déficit político. Ése, y no otro, debe ser el nuevo paso a dar. Las diferencias lingüísticas y culturales dentro de la UE deben respetarse, sí. Debemos encontrar la fórmula que nos permita la diversidad dentro de la unidad, por supuesto. Más importante aún, tenemos que asegurarnos de no construir un mastodonte burocrático que aplaste la democracia en los países miembros mediante el mero traspaso de poderes a unas instituciones europeas aquejadas de un serio déficit democrático. Convendría fomentar, además, el nacimiento y desarrollo de unos medios de comunicación comunes y, por descontado, una lengua común que sólo puede ser el inglés. Pero no queda más remedio que entrar por esa vía, con sus peligros y todo. Sencillamente, la alternativa sería desmontar todo el proceso de integración y regresar a los Estados-nación de antaño. No parece que vayan por ahí las cosas en este mundo cada día más globalizado en que vivimos. Por cierto, convendría, creo, prestar más atención al proceso de integración y construcción nacional que se llevó a cabo en los EEUU, y del que tendríamos mucho que aprender. En este sentido, la ignorancia casi absoluta que existe en Europa sobre la historia de EEUU (me refiero a la que va más allá de las últimas décadas, a la historia previa a la Segunda Guerra Mundial, que es cuando se manifestó bien a las claras su hegemonía) no ayuda en nada. No son solamente los estadounidenses quienes ignoran mucha de nuestra Historia, sino que nosotros también ignoramos mucho de la suya. {enlace a esta entrada}

[Fri Jul 22 11:12:24 CEST 2011]

El País publica un breve reportaje sobre la polémica sobre el uso de la corbata en el Congreso de los Diputados y el derroche energético en nuestro país que no tiene desperdicio, no tanto por lo que aporta a la discusión del tema en sí como por lo que deja entrever sobre la inmadurez de nuestra sociedad civil y nuestra conciencia cívica. Tras mencionar las medidas tomadas por Japón recientemente para reducir el consumo energético, se nos explica:

Un cambio similar sería ideal en España, destacan los expertos. "Somos un país energéticamente derrochador", precisa Casasnovas [José Marís Casasnovas, vocal de la Comisión de Energía del Colegio de Ingenieros]. "La cuestión de la corbata son puros fuegos artificiales, hay mucho por hacer en materia de ahorro energético", señala. El nivel de eficiencia energética en España es relativamente peor en 2011 que tres años atrás, según informes del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, organismo dependiente de Industria. "Lo más grave es que en lugar de mejorar en ahorro energético, estamos retrocediendo", detalla Casasnovas. "El Gobierno arrastra varios compromisos legislativos que no se concretan o no se cumplen, hay numerosas regulaciones que se incumplen sistemáticamente", protesta el ingeniero. La tendencia, combinada con el aumento de precios del petróleo y otras fuentes energéticas, parece mantenerse: al precio actual, las importaciones en energía rondarán los 46.000 millones de euros este año frente a los cerca de 34.000 millones en 2010. "Bono y Sebastián deberían ser pragmáticos y discutir sobre otras cosas", ruega Casasnovas.

(...)

La climatización en los edificios gubernamentales no puede superar los 21 grados en invierno para evitar abusos de la calefacción; ni registrar una temperatura inferior a los 26 grados en verano, para evitar una potencia excesiva del aire acondicionado. Basta con pasearse por cualquier ministerio en cualquiera de estas estaciones del año para certificar que el incumplimiento de la norma es la regla general. Los funcionarios pueden vestir camisetas relativamente ligeras en invierno, los periodistas se constipan durante las ruedas de prensa celebradas en verano. La normativa se ignora pese a que cada grado más de temperatura supone un ahorro energético del 7%, destaca Industria. Este ministerio, que asegura que sí cumple con la normativa, precisa que ahorra unos 250.000 euros al año por este motivo. "El ciudadano no tiene por qué pagar los excesos de consumo energético", insiste Sebastián.

La misma norma afecta a establecimientos como teatros, cines y salas de exposiciones, además de aeropuertos, estaciones y a locales como bares, restaurantes y cafeterías. Los edificios destinados a estos usos están además obligados a informar de la temperatura en una pantalla visible para el público, lo que también se incumple en casi todos los casos.

Otras medidas, como la reducción de velocidad en las circunvalaciones de las grandes ciudades, prevista desde 2008, no se han puesto en marcha. El decreto que desde ese año obliga a las grandes ciudades españolas a desarrollar farolas con mayores niveles de eficiencia energética se ha seguido de forma irregular —cada ciudad gestiona el asunto a su manera, sin que el ministerio controle el cumplimiento de la norma—, mientras que la declaración de intenciones de Fomento de reducir en el 50% el consumo de iluminación de autovías se quedó en el anuncio. El plan de bombillas de bajo consumoe que Industria aprobó ese mismo año, por otro lado, ha reducido en el 6% la importación de petróleo, siempre según datos del ministerio, que resultan casi imposibles de contrastar.

En fin, historias para no dormir. No obstante, no se trata de nada nuevo para quien ha nacido y crecido en este país. Por desgracia, aunque sobre el papel tenemos una legislación muy avanzada, el problema es que a menudo no se cumple en la calle, ni tampoco el Ejecutivo (que para eso está) parece esforzarse en hacerla cumplir. Sucede en muchos otros ámbitos. Sin ir más lejos, la propia legislación sobre el consumo de tabaco en lugares públicos se aplicó fielmente durante los dos primeros meses aproximadamente (es decir, mientras los medios de comunicación prestaron mayor atención al tema) antes de que comenzáramos a estirar la normativa como el chicle para vaciarla de contenido en la práctica. Así, apenas tres o cuatro meses después de que entrara en vigor, yo ya pude observar personas fumando a la puerta de los colegios en presencia de la Policía Local sin que sucediera absolutamente nada. De la misma manera, también pude ver a fumadores departiendo amigablemente mientras compartían unos pitillos a la puerta del hospital Virgen del Rocío en Sevilla sin que el guarda apostado a la puerte se dignara hacer nada al respecto, incluso después de que algunos ciudadanos le indicaran que se estaba inclumpliendo la legislación y la propia normativa del centro de salud. En fin, el problema suele ser siempre el mismo: tanto nos repetimos a nosotros mismos que somos gente guay y enrollada que no se toma las cosas en serio ni hace gala de un espíritu demasiado estricto ("a la alemana", como se suele indicar por estos lares) que la legislación se incumple impunemente. Cuesta trabajo creer que así sea posible vivir en democracia. {enlace a esta entrada}

[Thu Jul 21 21:34:23 CEST 2011]

Interesante el artículo de Joan Tapia titulado ¿Es Zapatero el gran culpable? que publica hoy El Periódico de Cataluña. Tras mostrar su preocupación por el hecho de que Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar todos acabaran sus días en Moncloa rodeados de feroces ataques en los que se les culpaba de todos los males (algo que, por cierto, yo mismo he comentado en estas mismas páginas), Tapia señala:

La tendencia a culpar de todo al presidente se repite ahora con Zapatero, que —como Suárez— ha dado vaivenes y ha cometido muchos errores. El primero ha sido la soberbia al creer que con el boom económico, la política de la sonrisa y no hostilizando a los sindicatos quedaba blindado. No creía esencial el diálogo con la sociedad civil. Le bastaba una especie de corte personal en la que hacía y deshacía a su antojo. Y este error le acarreó una pésima relación con el principal grupo mediático al margen de la derecha (y que Aznar había querido eliminar) y la minusvaloración de TVE. Por eso ahora no puede relevar a su máximo ejecutivo (81 años) a pocos meses de unas elecciones generales. El corolario es una muy escasa capacida de comunicación y explicación.

Ha fallado en el Estatut, que políticamente naufragó en el Constitucional, al no explicar bien el proceso de paz, y con iniciativas económicas populistas... Pero Zapatero no ha inventado la crispación ni es responsable de la desconfianza en la clase política, fruto de un sistema electoral que viene de la transición y da excesivo poder a las cúpulas partidarias. Ni, tampoco, de la peor crisis desde 1929. Suavizar la recesión con gasto público fue la medicina en muchos países. Así como reconocer luego que el keynesianismo tiene un límite: que puedas financiar la deuda. El volantazo de mayo del 2010 fue inevitable para no acabar como Grecia o Portugal. Y no fue peor, ni más improvisado, que el que la derecha italiana ha tenido que aprobar precipitadamente hace pocos días.

No importa. Ahora —como en 1980 y 1996— se propaga que el mal de España se curará cuando Zapatero marche. Pocos atienden a Erkoreka cuando dice que la austeridad ha venido para quedarse y que el margen de política económica es estrecho. Y nadie recuerda que en Lisboa el anticipo electoral obligó a endurecer el plan de ajuste socialista. Y que los mercados siguen castigando a Portugal (954 puntos básicos de diferencial ayer con el bono alemán frente a 325 de España).

Qué duda cabe que Tapia está en lo cierto al afirmar que los problemas no se van a solucionar porque Zapatero se marche. Como decíamos, se trata de una tendencia algo preocupante de nuestra todavía joven democracia, que parece engullir a sus presidentes uno tras otro en un maremágnum de impopularidad que conduce inexorablemente a que siempre tengan que abandonar la Moncloa en medio de una crisis política. Igualmente tiene razón cuando afirma que en mayo de 2010se aplicaron las medidas de política económica que se tenían que aplicar y que el keynesianismo tiene un límite evidente: lo lejos que puda llegar el endeudamiento público. Sencillamente, una política expansiva basada en el gasto público tiene que financiarse de alguna forma. El dinero no crece en los árboles. Ni siquiera el que se usa para el gasto público. Ahora bien, nada de ello quita para que, como acertadamente afirman otros, Zapatero se negara primero en redondo a aceptar que la crisis existía, para después pasar a afirmar una y otra vez (a pesar de la evidencia objetiva que la gente estaba empezando a sentir en sus propias carnes incluso) que ya se estaba saliendo de ella para, por último, aplicar una política de austeridad y contención del gasto público sin pensar al mismo tiempo en la necesidad de lanzar un guiño a su electorado tradicional, aunque sólo fuera en la forma de unas medidas serias y consistentes contra el fraude fiscal y la economía sumergida. O, lo que es lo mismo, Zapatero ha pasado del keynesianismo ramplón a abandonar por completo los elementos esenciales de una política de izquierdas. Eso es lo que el votante socialista tradicional le echa en cara. No tengo tiempo de entrar a analizar aquí qué es lo que le echa en cara el votante de las nuevas clases medias, que en buena parte ha optado por votar al PP en las elecciones del 22-M. {enlace a esta entrada}

[Thu Jul 21 12:31:46 CEST 2011]

Un amigo me ha pasado el enlace a una entrevista con Josep Borrell publicada por la revista Vanity Fair que contiene algunos pasajes interesantes. Por ejemplo, respecto a los resultados de las eleciones del 22-M, Borrell explica lo siguiente:

Por geografía y por clases sociales el PP no ha subido tanto, ha sido un voto de reproche. Destacados compañeros socialistas dicen que lo ha causado la crisis, que cualquier gobierno sufriría el castigo. No. Hay que reconocer que la derrota ha sido más bien debida a la gestión de la crisis, y la actitud política: primero no había crisis, luego ya habíamos salido de la crisis. El error fue negarla durante demasiado tiempo, esa búsqueda ridícula de brotes verdes y luces al final del túnel.

Esto enlaza, obviamente, con el optimismo sin par que, según dicen, caracteriza a Zapatero. Y también está relacionado con la sensación de improvisación constante que la gente de la calle tiene de la gestión de la crisis por parte del Gobierno. Hay quien afirma (desde dentro del Gobierno o, cuando menos, desde círculos cercanos) que dicha apreciación es injusta. Pues puede que lo sea. No entro en el tema. Supongo que se trata de algo puramente subjetivo. Pero el caso es que, se pongan como se pongan, la sensación que cualquier observador medianamente objetivo se ha hecho de la política del Gobierno con respecto a la crisis durante los últimos dos o tres años es de completa improvisación y desorientación. Y, no lo olvidemos, estas cosas tienen su importancia en política, por lo que nadie ha de extrañarse de que los votantes hayan pasado factura el 22-M.

Por otro lado, con respecto a las medidas económicas del Gobierno a partir del giro de mayo del 2010, Borrell comenta:

Son indiscutibles, pero están dictadas por la extrema necesidad de conseguir que no te degrade la valoración de tu deuda y hagan más difícil financiar el déficit público. Pero el problema es el excesivo endeudamiento privado. Antes de la crisis España era el alumno aplicado con todos los criterios del pacto de estabilidad, tenía superávit presupuestario.

Vaya mi enhorabuena a Borrell por tocar un punto del que los políticos en activo huyen como de la peste: el problema del endeudamiento privado. Nadie quiere decirle a la gente la terrible verdad: si alto es el endeudamiento público del que todo el mundo habla, peor aún es el privado. No sólo los bancos y los gobiernos vivieron durante los últimos diez o veinte años como si la vida fuera una fiesta continua. Pero son pocos los que tienen la valentía de decírselo así a la gente.

Pero Borrell va mucho más allá a la hora de hablar de la política económica del Gobierno de Zapatero:

El 9 de mayo de 2010 el Gobierno fue a Bruselas con unas medidas por la mañana y salió por la tarde con otras radicalmente distintas. Y eso requiere un enorme esfuerzo pedagógico de comunicación. La gente ve los sueldos millonarios de la nueva plutocracia y hay un sentimiento de injusticia: estamos volviendo al Antiguo Régime, con un puñado de personas que tienen todo el dinero y casi todo el poder, los presidentes y consejeros delegados de las grandes empresas del IBEX, rodeados por una masa depauperada y con un Estado pobre y debilitado. Treinta años después de la muerte de Franco tenemos un estado cuyos intereses son 10 puntos del PIB inferiores a los demás países de la zona euro, el farolillo rojo en la Europa social.

Cuando Borrell habla de los "intereses" del Estado, me parece que se refiere al peso del Estado dentro de la economía que, efectivamente, como indica, está bastante por debajo del de otros países de la eurozona. Por cierto, que también está Borrell en lo cierto cuando apunta con el dedo acusador no sólo al PP, sino también a ciertos sectores dentro del propio PSOE:

Me gustaría ver a todos los socioliberales del PSOE, grandes partidarios de la liberalización del suelo, de la abolición de la planificación urbana, que proclamaban: el mercado sabe construir ciudades, fuera la restricción (eleva el tono), venga, ancha es Castilla... Dicen que la burbuja inmobiliaria viene del PP. Pues no, viene también de destacados socialistas, entre ellos el actual gobernador del Banco de España, que parece que no hay roto nunca un plato. Nadie lo dice, pero es una especie de pseudojefe de Gobierno que se dedica a intervenir en todos los aspectos de la vida económica olvidándose de su tarea fundamental, que es regular el sistema financiero y sanear las cajas de ahorro.

¡Menuda carga de profundidad! Cierto, parece claro que Borrell tiene unas cuentas que ajustar con Miguel Ángel Fernández Ordóñez, pero ello no quita para que dejemos de reconocer su honestidad al acusar no sólo al contrario, sino también a sus propios compañeros de partido, de haber aplicado las mismas políticas neoliberales que Rodrigo Rato y el PP. Y es que parece mentira que el chiringuito haya estado a punto de venirse abajo y sean prácticamente los mismos quienes siguen detentando el poder en todas las instituciones económicas internacionales y nacionales, como si la cosa no hubiera ido con ellos.

Merece la pena destacar, por último, un par de comentarios que hace sobre la actividad política en general y su experiencia en particular:

Ni estoy ni se me espera. Después de 30 años de mili, tenía la oportunidad de volver a una actividad más reflexiva, más intelectual, menos maniquea. Me sería muy difícil hacer ahora un mitin dual, maniqueo, de "¡cuidado!, ¡que vienen los otros!" Tuve la suerte de ganar el concurso internacional para venir a presidir este instituto [el European University Institute, en Floerncia]. Tomé una decisión bastante estructural. En la vida uno no puede estar cambiando de rumbo cada día.

Finalmente, a la pregunta de qué es lo que no llegó a hacer que más lamenta, responde:

Haber abandonado la carrera de presidente del Gobierno. Eso todavía me cuesta aceptarlo.

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[Wed Jul 20 07:36:37 CEST 2011]

Aunque se publicó hace ya varios días, no ha sido hasta hoy que alguien me ha pasado un enlace al artículo de Mario Vargas Llosa sobre el incidente de Dominique Strauss-Kahn, titulado Derecho de pernada, que publicó El País el domingo pasado. Creo que merece la pena destacar las siguientes reflexiones:

Como se ha comprobado que la camarera mintió a la policía sobre su ingreso a los Estados Unidos —es una inmigrante ilegal— y que tuvo una conversación, en un dialecto guineano, con un hombre detenido por tráfico de drogas, ante el que se habría jactado de querer sacar dinero a su presunto violador aprovechando lo ocurrido, se dice que la acusación se tambalea y que el propio fiscal de Nueva York estaría pensando en encarpetar todo el asunto. Esto ha heco que, en Francia, donde me encuentro ahora y donde, según una encuesta, un 50% de la opinión pública socialista todavía quisiera que Strauss-Kahn sea su candidato presidencial, aparezcan muchos artículos y declaraciones de amigos y camaradas del exministro, quienes, encabezados por Bernard-Henri Lévy, atacan con ferocidad a la justicia esstadounidense por haber mostrado a la prensa a un Strauss-Kahn esposado y humillado, en vez de respetar su privacidad y su condición de mero acusado, no de culpable. Leyendo lo que escribe, parecería que el exministro es una especie de mártir y mereciera ser desagraviado.

A mí, en cambio, el personaje me parece repelente y tiendo a creer que lo que la camarera guineana dice de él es verdad. Me seguiría pareciendo repelente incluso si fuera cierto que el sexo oral con que se gratificó aquella mañana neoyorquina fue consensuado, pues, aun si lo hubiera requerido de buenas maneras y pagado por ello, habría cometido un acto cobarde, prepotente y asqueroso con una pobre mujer infinitamente más débil y vulnerable que él, la que se habría sometido a esa pantomima por necesidad o por miedo, de ningún modo seducida por la apostura o la inteligencia del personaje al que encontró desnudo en la habitación que iba a arreglar. "Tirarse a una sirvienta", por las buenas o por las malas, es un acto innoble y vil, sobre todo cuando el que lo perpetra es un señor de horca y cuchilla, que es lo que era, hasta entonces, el casi intocable Strauss-Kahn.

Yo no sé por qué las mentiras de la camarera atenuarían la falta de su presunto violador. Lo que se va a juzgar es si fue o no violada, no si es buena, sincera y desprendida. Si lo determinante para que la acusación prevaleciera no fueran los datos objetivos sino la personalidad y el carácter, el señor Strauss-Kahn no quedaría bien parado. Sus antecedentes indican claramente que le gustaron siempre mucho las mujeres y que no tenía el menor empacho en demostrárselo, usando eso que los brasileños llaman la mao boba en las recepciones, ascensores y pasillos, como han hecho público los paparazzi de media Europa. Poco tiempo después de asumir la dirección del Fondo Monetario Internacional se vio envuelto en un lío de faldas, por haberse echado una amante entre sus subordinadas.

Aunque no estoy de acuerdo del todo con Vargas Llosa en lo que hace al tratamiento que se ha dado a Strauss-Kahn, sí que comparto en líneas generales el fondo y la forma de lo que expone en su artículo. Digo que no comparto lo del tratamiento porque, en primer lugar, es bien cierto que los medios de comunicación y la sociedad en general (y eso nos incluye a todos) r´pidamente se lanzó a asumir la culpabilidad de Strauss-Kahn, a pesar de que había los elementos suficientes para pensar que pudiera tratarse de una operación para quitarse de en medio a un molesto candidato a la Presidencia de la República francesa. Y digo esto sin negar para nada que Strauss-Kahn tiene de hecho un pasado bien oscuro. De la misma forma, estoy de acuerdo con los intelectuales franceses que han criticado la parafernalia de película barata con que las autoridades estadounidenses gustan de presentar a los acusados (esposados, etc.), sin por ello dejar de estar de acuerdo también con Vargas Llosa en el sentido de que eso es lo que estipula la legislación estadounidense y, por consiguiente, eso es lo que ha de hacerse con el acusado, ya sea un pordiosero sin hogar o el mismísimo Presidente del FMI. En ese sentido, estoy de acuerdo con Vargas Llosa que los intelectuales franceses parecen andar algo confusos en sus críticas.

En todo caso, el meollo del artículo no es ese, sino el hecho de que todo parece indicar que Strauss-Kahn es un personajillo de medio pelo, quizá incluso algo mediocre, que se cree el rey del mambo por desempeñar ciertos cargos de renombre y aprovecha las circunstancias para abusar de mujeres que se encuentran en una situación de debilidad en comparación con la suya. Como bien dice Vargas Llosa, no se trata tanto de que Strauss-Kahn haya cometido o no un crimen de violación, que eso lo tiene que decidir la justicia, como del hecho de que se trata de un señor sin escrúpulos que seguramente no merece la pena desempeñar un cargo público. Se suele decir en estos casos aquello de que la mujer del césar no sólo ha de ser honrada, sino que además ha de parecerlo. Pues bien, la máxima se aplica perfectamente a Strauss-Kahn. {enlace a esta entrada}

[Mon Jul 18 19:12:23 CEST 2011]

Leo en Público una entrevista con Cristina Narbona en la que se habla, sobre todo, de la situación de la izquierda y sobre cómo relanzarla. Pero lo que más me llama la atención es la respuesta de Narbona a una pregunta sobre cómo puede haberse llegado a esta situación:

Yo siempre recuerdo que cuando en Italia se empezó a denunciar la corrupción por Manos Limpias fue en un momento de crisis en el que ya no había pastel para todo el mundo. Entonces fue cuando la gente se empezó a dar cuenta de que había esstado ganando dinero de una determinada manera y sometida a ciertos poderes oscuros. Forma parte de la naturaleza humana que cuando las cosas van bien no te hagas muchas preguntas, nos las hacemos más cuando hay alguna dificultad. Por eso esta es una ocasión que la socialdemocracia, no sólo en España sino en todo el mundo, debe aprovechar para reoxigenaarse en la defensa de los valores de siempre.

Puede que tenga razón eso de regresar a los "valores de siempre" (aunque conviene no confundir eso con un retorno a las herramientas y políticas de siempre, pues la realidad no se queda estática; o, lo que es lo mismo, los valores pueden ser los de siempre, pero han de adaptarse a la realidad circundante), pero aún tiene más en el comentario que hace sobre la naturaleza humana. En la época de vacas gordas ni siquiera nos parábamos a pensar que el modelo económico que sostenía nuestra riqueza no era sino una mera burbuja en el aire. Alguna sospecha existía, sin lugar a dudas, y se mencionaba de cuando en cuando, pero la burbuja era intocable. De ahí que no me guste nada el culpar a los políticos de todos nuestros males. Si Aznar o Zapatero hubieran propuesto hace años un "lento aterrizaje" de la economía española se les hubiera echado de patitas a la calle por querer matar a la gallina de los huevos de oro. Los ciudadanos también somos parcialmente responsables de lo que ha sucedido aquí. enlace a esta entrada}

[Mon Jul 18 12:28:34 CEST 2011]

No cabe duda alguna de que el editorial de hoy de El País, titulado Final de ciclo, está siendo la comidilla de todas tertulias, tanto las radiofónicas como las televisivas o incluso las de la calle, al menos entre la gente que sigue esto de la política. El contenido es, desde luego, durísimo con Zapatero:

Gestionar el final de un ciclo de gobierno no resulta tarea fácil para ningún gobernante y las circunstancias por las que atraviesa España en la actualidad no contribuyen ciertamente a allanar ese cometido. Desde que el presidente del Gobierno desatara las dudas sobre su continuidad en un comentario tan informal como irresponsable a finales del año pasado, los acontecimientos se han precipitado. Para peor. A la fecha nos encontramos con un país amenazado de ruina (atrapado en la vorágine de los mercados financieros desatados sobre Europa), sin perspectiva, con serios problemas de cohesión social y aun territorial, en el que cunde la desilusión entre los ciudadanos sin distinción de ideologías o de clase social. Existen motivos más que fundado para la intranquilidad, patente desde luego tanto en las manigestacions de los indignados como en los resultados electorales de los recientes comicios.

(...)

Hace ya mucho que las respuestas del presidente del Gobierno a los desafíos a los que se enfrenta España apenas merecen crédito alguno por parte de los ciudadanos. Las encuestas lo venían demostrando de forma consistente (una reciente coloca al Gobierno del Estado como la institución peor valorada de una lista de 39), y el escepticismo y el desconcierto fueron rubricados por el descalabro de los socialistas en las pasadas elecciones, al tiempo que crecía la contestación en la calle.

Más allá de cualquier consideración sobre el origen de las protestas del 15-M, sobre su legitimidad o sus intenciones, resulta evidente que el aprecio que han merecido por parte de la opinión trae causa del profundo malestar en el que se han sumido el conjunto de un país con cinco millones de parados, en el que 300.000 familias han perdido sus casas en los últimos tres años, y en el que su primer gobernante es incapaz de ofrecer ninguna esperanza razonable de alivio a sus angustias.

Rodríguez Zapatero dispone de toda la legitimidad y todo el derecho para terminar la legislatura si así lo quiere y nada en las leyes le obliga a disolver las Cámaras. Pero tras el anuncio, hecho en marzo, de que no concurrirá de nuevo a las elecciones, este periódico sostuvo que sus propósitos de agotar la legislatura solo eran moral y políticamente justificables a condición de que culminase las reformas imprescindibles que asegurasen la estabilidad necesaria, política y económica, para que el país afrontara el periodo electoral en las mejores condiciones posibles. Esa condición no se ha cumplido. Aún peor: su incapacidad en la gestión, los magros resultados de las reformas apenas incoadas, más el lastre y la impotencia de una legislatura agónica auguran un deterioro imparable al que resulta imprescindible poner fin cuanto antes. A este respecto, la fecha sugerida por algunos dirigentes socialistas para celebrar elecciones (finales de noviembre) es del todo tardía. Si de verdad Rodríguez Zapatero quiere rendir un último servicio a su país, debe hacerlo abandonando el poder cuanto antes y reconociendo la urgencia de que nuestro Gobierno recupere la credibilidad perdida. Los españoles en su conjunto, y los votantes socialistas en particular, se lo agradecerán.

Como decíamos, duro, durísimo alegato contra la figura de Zapatero y su legado de gobierno. Por si esto fuera poco, el diario publica también un artículo de opinión firmado por Juan Luis Cebrián y titulado Esta insoportable levedad en el que se viene a hurgar en la misma herida.

Por lo que he podido ver en las redes sociales, no son pocos los socialistas que ven estas andanadas en la línea de flotación del PSOE como una maniobra de los editores de El País por "cobrarse ciertas facturas pendientes" del pasado más reciente (en concreto, de los enfrentamientos con el Gobierno sobre las licencias de canales de televisión digital y similares). A mí, en cambio, me parece que esta explicación es excesivamente simplista. No son pocos, de hecho, los votantes y hasta militantes socialistas que subscribirían todas y cada una de las palabras del editorial, aunque les pese y les parezca que de verdad "saca sangre". Lo cierto es que la atmósfera política y social se ha enrarecido tanto que cabe incluso preguntarse si el Gobierno no puede encontrarse con un serio problema de legitimidad no ya legal, por supuesto, sino social y política, si sigue despeñándose de la misma forma que lo ha hecho hasta ahora. La situación parece cada vez más similar a la vivida por el Fianna Fáil en Irlanda. {enlace a esta entrada}

[Sun Jul 17 13:46:21 CEST 2011]

El País publica hoy un reportaje especial dedicado al septuagésimo-quinto aniversario del golpe de Estado que inició la Guerra Civil española en el que se incluyen declaraciones de conciudadanos que vivieron el conflicto de primera mano. Lo fácil, por supuesto, sería leer únicamente a los del bando con el que uno se identifica (pues, no nos empeñemos en negar la realidad, aunque ya no se viva con la misma pasión y seamos quizá capaces de ver las cosas con mayor distanciamiento y objetividad, la amplia mayoría nos sentimos más cerca de uno u otro bando). Pero, precisamente por eso, prefiero traer a colación aquí las palabras de alguien que luchó con el, por así decirlo, "enemigo". Se trata de las palabras de José María Sáenz De Tejada, ex Jefe del Estado Mayor del Ejército, sobre su experiencia luchando en el bando franquista durante la Guerra Civil. Aparte de decir bien a las claras que no se arrepiente de haber combatido con Franco y contra la República (tampoco hay que andarse con tonterías y exigir nada a estas personas), hace las siguientes declaraciones que merece la pena destacarse:

Preguntado por lo que ocurría fuera del frente de batalla, en los pueblos donde los falangistas paseaban y fusilaban a jornaleros por ser considerados de izquieras, Sáenz de Tejada responde: "En ambas zonas se cometieron muchos disparates y hubo fusilamientos. No quiero analizar en este momento si hubo más en un sitio que en otro".

No le ha gustado la ley de memoria histórica. "Fue una ley innecesaria y creo que en parte tenía algo de revancha". "Es bueno que los familiares tengan la posibilidad de recuperar los restos, pero no me gusta que se creen ambientes para enfrentarnos otra vez". "Las dos Españas ya no existen. Este país se ha reconciliado. Sí echo en falta concordia en los políticos, más enfrentados entre ellos que el conjunto de los españoles. La sociedad española es mucho más sensata".

Aunque, conociendo mi afiliación a la izquierda, lo más normal es que alguien espere de mí una oposición frontal a las palabras de Séenz de Tejada, la verdad es que no es así. Si acaso, tan sólo le haría alguna que otra puntualización. Para empezar, como decía algo más arriba, no creo que tenga sentido alguno entrar a estas alturas en exigencias de disculpas y cosas similares. El pasado es lo que es. Hubo un alzamiento al que siguió una guerra civil y, después, cerca de cuarenta años de dictadura con una represión feroz, al menos durante sus primeros diez o quince años. Esa es la realidad y nada podemos hacer por cambiarla. Estamos de acuerdo igualmente en sus palabras sobre los crímenes cometidos por ambos bandos, pues si los falangistas fusilaban a jornaleros por tener simpatías de izquierdas, también en el otro bando se fusilaron a simpatizantes de la derecha. Es más, el asesinato político estaba a la orden del día durante la Segunda República, desgraciadamente. Las circunstancias se habían polarizado lo suficiente como para que así fuera. Haríamos bien en extraer lecciones de aquello, en lugar de usarlo como arma arrojadiza tantos años después. Se me antoja algo estéril el plantearse esto como si se tratara de un derbi futbolístico en el que uno tiene que apoyar a muerte a un equipo u otro. Las cosas no son así. Ahora bien, donde me parece que seguramente estaremos en desacuerdo es en sus comentarios sobre la ley de la memoria histórica. No es que la ley en sí me parezca buena ni mala, sino que me parece interesante que Sáenz de Tejada reconozca a los familiares el derecho a recuperar los restos al tiempo que considera a la ley "innecesaria". No, mire usted, no. Digo yo que de alguna forma habrá que permitir que los familiares puedan recuperar los restos, ¿no? ¿O es que se piensa que va a suceder así porque sí, por la generosidad de espíritu de quienes, como él mismo, combatieron en el bando opuesto? Parece poco creíble, como también parece poco creíble (por no hablar de ético o justo) que mientras que los caídos por el bando vencedor sean conmemorados y reconocidos en calles, plazas y edificios públicos por todo el país, los del bando vencedor estén todavía enterrados en fosas comunes en las cunetas. Está bien eso de pedir que echemos estas cosas en el saco del olvido en nombre de la convivencia de los españoles, pero no que solamente sea uno de los dos bandos el que de forma consistente tenga que olvidar y ser olvidado. A lo mejor lo que hace falta no es tanto olvidar como atreverse de una vez por todas a hablar de la Segunda República y la Guerra Civil de una forma algo menos maniquea. {enlace a esta entrada}

[Fri Jul 15 17:42:31 CEST 2011]

El País publicaba ayer un artículo de Juan Cruz sobre el vigésimo aniversario de la publicación de Ética para Amador, de Fernando Savater. Todavía recuerdo con mucho cariño cuando compré en la ya desaparecida librería Padilla de Sevilla ese pequeño librito editado por Ariel e, impaciente por ojearlo, decidí entrar en un bar para tomarme un café y poder cuando menos echarle un vistazo al índice y leer algunas páginas. Le da a uno la sensación de que Savater no tenía grandes ambiciones cuando escribió aquella obra, pero aunque sea de forma inintencionada lo cierto es que yo y miles de lectores españoles le guardamos un especial cariño.

El artículo de Juan Cruz, muy en la línea del propio libro, comparte con nosotros algunas de las reflexiones que se ha venido planteando Savater sobre temas de lo más actual. Así, cuando Cruz le pregunta sobre qué temas le preocupan especialmente en estos momentos, Savater responde hablando sobre el pirateo de la propiedad intelectual:

Y lo primero que respondió fue que le asombra que se haya convertido "en dogma" que la gente pueda descargarse "lo que es ajeno, lo que pertenece a los creadores". Él dijo hace meses que no roban teatro de la red "porque el teatro no se puede descargar". Y ahora dice: "Me impresiona que la juventud actual acepte que la cultura es gratis total, que los creadores no merezcan remuneración. Y me impresiona, en efecto, que acabar con los derechos se establezca como un dogma".

Le aturde también "que se trate de desvirtuar el carácter de ágora que tiene la política, y que se trate de conducir ésta como si un piloto automático pudiera conducir la representatividad política de la población". ¡Que no nos representan, dicen, cómo que no nos representan! Los políticos nos representan, pero depende de nosotros que nos representen como es debido. Pero nos representan, vaya que si nos representan".

Cuando escribió Ética para Amador buscaba explicar lo que Isaiah Berlin decía sobre la diferencia que hay entre el salvaje y el civilizado: "El civilizado da su vida por valores en los que no cree del todo". De los valores hablaba, y de los valores sigue hablando. "No han cambiado". Pero se han desingflado. Se diluyó la Educación para la Ciudadanía, porque unos creyeron que iba demasiado lejos y otros "no se atrevieron" a usarla como un arma a favor de los valores.

Así que la ética, "que no es sustitutuvo de la religión", se fue dilyendo y ahora es como un engrudo en el que cualquiera mete mano. Savater es un laico rabioso, irreductible. "Las sociedades democráticas han de ser laicas", dijo. "La intromisión de la Iglesia [más que de las religiones] expulsa la razón del ejercicio de la ética, y esta sufre las consecuencias, en la escuela, en la convivencia, en la democracia. ¿Democracia perfecta? Claro que no la hay. Pero, ¿qué es perfecto? Nada es perfecto; pero solo el espíritu crítico (en la educación, en la cultura, en la política) convierte en posible y útil era imperfección democrática".

Todo el mundo sabe que Savater adora las carreras de caballos. Pues escuchándole parece que va al galope, subido a la cabalgadura antigua de la ética como si, 20 años después, la estuviera estrenando ante jóvenes que ya no son Amador. "La escuela es para aprender; nadie va aprendido a la escuela; todos adoctrinamos; la enseñanza de la ética es una obligación de la escuela; los adversarios de la sociedad democrática son los que quieren desvirtuar la enseñanza de la ética, equiparándola con cualquier otra enseñanza, incluida la enseñanza de la religión".

(...)

Le dijeron que quizá sería bueno que la ética dejara a los chicos libres para desarrollar sus propios criterios, "para ser ellos mismos". ¡Pero qué dice usted! "¿O sea", se planteó Savater, "que en Geografía también debemos dejar que los muchachos decidan en asamblea cuál ha de ser la capital de Francia? ¿Que vengan a clase y aceptemos que digan, por ejemplo, Andorra, capital París?"

El virus del todo vale postmoderno. Que conste, hace ya muchos años que algunas lecturas de filósofos postmodernos que hice me sirvieron para atemperar mis ideas, ganar en tolerancia, perder una buena dosis de dogmatismo y ver las cosas con un poco más de humildad. Sin embargo, en el caso del postmodernismo hay que guardarse mucho de no caer en el relativismo absoluto, estéril y hondamente reaccionario, pasivo y pesimista que caracteriza a tantos pensadores contemporáneos. Como bien dice Savater, hay que tener cuidado de no pasarse de progre y proponer que los estudiantes lo decidan todo en asamblea. Está muy bien eso de combatir el autoritarismo, pero eso es una cosa y la autoridad otra bien distinta. Una vez más, me parece que durante los años de la transición a la democracia echamos al bebé con el agua sucia en un desesperado intento de escapar de las cuatro décadas de imposiciones nacionalcatolicistas. Pero digo yo que en algún momento tendremos que darnos cuenta del error y ver si podemos empujar el péndulo un poco más hacia el centro. {enlace a esta entrada}

[Fri Jul 15 09:22:50 CEST 2011]

The Economist publica un artículo sobre Newt Gingrich y su defensa del llamado "excepcionalismo americano" que merece la pena leer, aunque solamente sea para familiarizarse con el posicionamiento cuasi-teocrático de buena parte de la derecha estadounidense. Tras explicar cómo Gingrich justifica esta excepción en la Declaración de Independencia y, en particular, en su afirmación de que todos los los hombres gozan de ciertos derechos inalienables que le han sido graciosamente otorgados por el mismísimo Dios, por contraposición a la visión secularista de la política, el autor del artículo explica:

Sometimes Mr. Gingrich pushes deeper and explicitly attacks the secularism he sees lurking behind the "Obama model". "Secularism", Mr. Gingrich maintains, "describes a worldview in which you're randomly gathered protoplams" temporarily inhabiting a soulless world where there is no reason to visit evil or universal insurance converage upon your fellow sacks of protoplasm.

Of course, it's not true that sovereign citizens are necessary for family-oriented societies. Mr. Gingrich is quick to traduce our globe's Islamic theocracies, but they are nothing if not family-oriented societies. And as a bright undergraduate who has read Plato's Euthyphro can tell you, it's not so easy to get moral mileage from divine commands. Anyway, as Mr. Gingrich himself implicitly acknowledges, the mere fact of divinely-endowed rights gets us nowhere. It's the widespread belief in rights that really constrains the power of government. It would seem, then, that a conception of rights acceptable to believers and sceptics alike offers a bulwark against tyranny superior to a vision of rights attractive to believers alone. At the very least, it seems plausible that an account of rights based on a grasp of the empirical conditions conducive to fair, mutualy-benefitial social cooperation offers an equally sturdy basis for effective limits on state power. As evidence for this propoisition, one might point to countries such as Denmark, which are far more secular than America, but whose citizens are at least as free as Americans.

Pues tiene toda la razón. Pero, claro, para conocer dicha evidencia a la que se refiere el autor resulta que Gingrich y tantos otros ultraconservadores americanos debieran mirar más allá de su propio ombligo y sus maravillosas "excepcionalidades", lo cual desgraciadamente no hacen a menudo. El caso es que, ciertamente, puestos a defender las sociedades con una fuerte identidad familiar, lo mismo debiéramos hablar en favor de los regímenes teocráticos que existen en lugares como Irán o Arabia Saudí al mismo tiempo que, por cierto, las libertades personales son más bien inexistentes. No acierta uno a ver, pues, la conexión entre una institución familiar fuerte, la firme creencia en Dios y las libertades personales de la que habla Gingrich. El caso es que, como bien afirma el periodista de The Economist, lo uno no tiene nada que ver con lo otro. Ha habido en el pasado (y hay en el presente) sociedades que se caracterizan por una firme fe religiosa que atentaron al mismo tiempo contra las libertades personales y sostuvieron gobiernos autoritarios. La clave no está en la fe, sino en la firme defensa de los derechos individuales que nos han acompañado desde los albores de la Modernidad. Lo que ni Gingrich ni muchos ultraconservadores americanos parecen aceptar es el hecho incontrovertible de que tanto la idea moderna de democracia como los conceptos de derechos individuales y libertades personales tal y como los conocemos hoy en día surgieron no con el cristianismo, sino con la Ilustración, el nacimiento del conocimiento científico y la separación de Iglesia y Estado. Algo bien distinto es, eso sí, que debamos reconocer que dichos conceptos hunden sus raíces en la tradición filosófica y cultural judeocristiana, de la misma manera que también bebe (y esto lo suelen olvidar convenientemente los ultraconservadores) de la tradición filosófica grecorromana y el paganismo. Hace falta, por tanto, una visión algo menos dogmática y partidista de la Historia, creo yo. {enlace a esta entrada}

[Fri Jul 15 08:54:13 CEST 2011]

El País publica hoy una entrevista con los músicos Kenny G y Michael Bolton en la que se subraya, fundamentalmente, el hecho de que la crítica especializada les tiene más bien poco aprecio. No sólo eso, añadiría yo, sino que además no son pocos los ciudadanos de a pie que se los toman a chota a ambos. Sin embargo, uno no tiene más remedio que salir en defensa de estos artistas. No es que su música me parezca especialmente buena ni se encuentre entre mis preferidas, pero está uno un poco harto del esnobismo en estos asuntos. Conforme voy cumpliendo años, más convencido estoy de que, por lo general, este tipo de opiniones negativas hacia tal o cual artista (o, por el contrario, las opiniones positivas) suele extenderse por mimetismo y de forma acrítica demasiado a menudo. Ya hemos visto demasiados casos en los que una obra pictórica o escultórica falsa se hace pasar por la original y no pasa nada de nada. Nadie se da cuenta. Por no hablar de los casos en los que algún encargado de la limpieza arroja una obra a la basura y se procede a cambiarla por otra copia "exactamente igual". Esto último, por supuesto, suele suceder con los artistas de "vanguardia". Sea como fuere, el caso es que se hace bien difícil discernir si realmente hay una serie de criterios objetivos para juzgar las obras artísticas o, por el contrario, todo queda al buen albur del crítico de turno, con sus fobias y manias personales, además de sus amiguetes y sus obsesiones. Por eso no me parece nada descabellado que Kenny G pregunte:

¿Si vendes tus discos en Starbucks ya no vales lo de antes? Para entonces, te ven como un producto comercial. Tu disco es como un café.

Porque, al fin y al cabo, eso es lo que sucede. No iba a ser la primera vez que un artista es adorado como genial hasta que se convierte en superventas. En ese momento, casi por arte de magia, se convierte de buenas a primeras en un mindundi sin clase alguna o, cuando menos, se dice que ha perdido "independencia creativa". En fin, no tengo yo tan claro eso de que podamos hablar de un artista "bueno" y otro "malo", aunque sí que es posible, desde luego, distinguir aquel artista que ha tenido una influencia en la posteridad del que no la tuvo. Pero son dos cosas distintas. Se puede disfrutar perfectamente del artista casi desconocido que no influyó para nada en quienes le sucedieron, sin que por ello hayamos de entrar a ver si se trata de un artista "bueno" o "malo". En definitiva, que como en otros muchos aspectos de la vida, me parece que lo que quizá hace falta es un poco menos de dogmatismo y algo más de apertura mental. {enlace a esta entrada}

[Thu Jul 14 12:41:38 CEST 2011]

Rebelión publicó hace ya unos días un artículo de James Petras titulado PASOK, panhelénicos, socialistas y kleptócratas que me parece interesante por los paralelismos con algunos elementos del socialismo español:

El PASOK siempre fue un partido clientelista, no un partido con un programa de cambio. Desde su primer victoria electoral en 1981, ha ofrecido a su electorado puestos de trabajo en el sector público, créditos, préstamos y favores. A principios de la década de 1980, la contratación de nuevos funcionarios públicos fue una supuesta manera de poner en práctica las reformas socio-económicas, que los burócratas públicos de la derecha estarían saboteando. Pero a medida que el impulso reformista perdía fuelle, los puestos de trabajo seguían multiplicándose, como parte de un proceso de construcción de una maquinaria electoral a gran escala.

Miles de graduados universitarios subempleados, con capacidad de organización, llenaron las oficinas del Partido y con el tiempo se aseguraron un puesto permanente en una burocracia pública hinchada, contribuyendo a asegurar los votos para los candidatos del PASOK, siguiendo las prácticas del partido de la derecha, Nueva Democracia. El sector público se convirtió en la principal oficina de empleo por varias razones: la mayoría de los empleados públicos tenían más de un puesto de trabajo, algunos hasta cuatro y cinco, incluyendo empleos autónomos y en la economía informal. En segundo lugar, el llamado sector privado nunca desarrolló en Grecia una capacidad de crecimiento, inversión, innovación, aplicaciones tecnológicas, competencia y creación de nuevos mercados. La mayoría de los empresarios griegos dependía de los vínculos políticos con el partido en el Gobierno para conseguir préstamos para proyectos que nunca se materializaron: los créditos se utilizaron para importar bienes de capital de la Unión Europea y los préstamos para importar productos de consumo.

(...)

El PASOK se constituyó en torno a un electorado de élite y de masas que no pagaba impuestos, sino que se beneficiaba y dependía de las dádivas del Estado. Los multimillonarios armadores de buques evitaban los impuestos al operar con pabellón extranjero —de Panamá, generalmente—, aunque se avenían a contratar capitanes griegos y contribuir a las arcas del partido. Profesionales, abogados, médicos y arquitectos apenas declaraban ingresos y cobraban en efectivo por debajo de la mesa ingresos no declarados, muy superiores a cualquier salario. Los líderes de negocios, los especuladores inmobiliarios, los banqueros y los importadores realizaban contribuciones a los dirigentes del Partido a fin de obtener reducciones de impuestos y obtener préstamos de la UE, que se reciclaban en propiedades turísticas y cuentas en el extranjero. Lo que aparentaba ser una élite política y empresarial era, de hecho, una organizada red de kleptócratas. Saqueaban la hacienda pública y pasaban a los asalariados la cuenta, ya que sólo éstos sufrían deducciones de impuestos de sus nóminas con carácter obligatorio. Grecia es el peor país del mundo para un trabajador asalariado, ya que es el único sector que está gravado y explotado.

Grecia es un país de trabajadores por cuenta propia, de pequeñas empresas y pequeños agricultores independientes —algunos de los cuales arriendan tierras a profesionales urbanos—, pequeños propietarios de hoteles tur&iacue;sticos y propietarios de restaurantes. La gran mayoría de ellos paga sólo una pequeña fracción de sus impuestos, a la vez que exige todos los servicios públicos. Son parte del aparato clientelear del PASOK, en su mayoría beneficiarios de créditos y préstamos no regulados que se utilizaron para aumentar los ingresos personales en vez de incrementar la productividad.

Imagino que a estas alturas el paralelismo resultará más o menos evidente. Después de todo, no parece tan accidental que a finales de los años setenta se hablase del socialismo mediterráneo y se incluyese en el mismo cajón al PSOE, el PASOK y el PS portugués. Las tres sociedades son bastante similares en estos aspectos que aquí describe Petras y, de la misma forma, la estructura de los partidos es también similar. Ni contamos con una clase empresarial seria, innovadora y productiva (son más bien dados al pelotaz y el rentismo), ni el esfuerzo fiscal es equitativo (recae fundamentalmente sobre los asalariados, como bien afirma Petras), ni tampoco los partidos socialistas de estos países tuvieron ocasión (debido a sus respectivas dictaduras) de construir unas estructuras sólidas firmemente ancladas en los sindicatos y la sociedad civil. Por el contrario, el arribismo se convirtió en su momento en la moneda de cambio de los tres partidos socialistas que aquí mencionamos. Eso sí, si acaso, me parece que Petras carga demasiado las tintas sobre el PASOK y deja que la derecha se marche de rositas. Además, aunque la crítica también se aplique a nuestro país en buena parte, no creo que lleguemos a los niveles de ineficiencia y cleptocracia de los que habla el autor. De alguna manera, creo que nos encontramos a medio camino entre países como Grecia o Italia y los países más avanzados del Norte de Europa. {enlace a esta entrada}

[Tue Jul 12 13:19:10 CEST 2011]

El País publica hoy un artículo de Vicente Verdú titulado La burbuja del morbo ha estallado en el que sostiene que la ola de sensacionalismo exacerbado que se ha apoderado de ciertos medios de comunicación de un tiempo a esta parte puede haber estallado finalmente con el cierre del tabloide británico News of the World:

Se calcula que alrededor de 250 personas trabajaban para filtrar noticias obscenas, íntimas y morbosas para News of the World, una de las cabeceras que controlaba, hasta su clausura el 10 de julio, Rupert Murdoch dentro del pool News International y del que su actual consejera delegada, Rebekah Brooks, fue directora durante los años de máxima chacinería absorbida a la vida de los demás.

El éxito de Rebekah se mide por el número de escándalos que propició y su recompensa se plasma en el vertiginoso ascenso dentro de la corporación. O lo que es más decisivo: una influencia política de primera mano: la mano que amenaza a diputados, asesores presidenciales, policía y gentes de la casa real.

Pero no ha sido un escándalo de carácter político lo que ha obligado a cerrar "voluntariamente" News of the World. La clausura de este semanario tan sensacionalista responde al efecto de haberse deslizado hasta el buzón del teléfono móvil de una niña asesinada a los 13 años, Milly Dowler, mediante profesionales que prestaba información sobre sus SMS y sus correos de voz. No era el único caso de intromisión en la vida privada de la gente común. Muchos de los familiares de las víctimas del terrorismo en el metro de Londres en julio de 2005 habían sido rastreados para cosechar datos que conmovieran, interesaran, enardecieran a los clientes.

(...)

Si Rupert Murdoch llega velozmente desde Estados Unidos para echar el cierre de News of the World, no lo hace desde luego por salvar su alma sino por salvar su dinero en plena hecatombe del sistema de producción porno-morboso-sentimental.

¿Operación ética? Claro que no: operación cínica o sistémica. Más de 20 grandes compañías habían retirado sus anuncios tras la revelación del caso de Milly Dowler, la niña asesinada. Empresas como Coca-Cola, The Body Shop, Renault, Mark & Spencer, Ford, Aldi o NatWest, anularon sus órdenes de inserción, y sin la publicidad ¿qué editor puede existir? Su interés, además, por hacerse con las acciones de BSkyB complementaron su estrategia de amputar su tabloide preferido ante el altar del Parlamento que autorizaría o no su adquisición.

Pero hay más. Sin la publicidad no hay negocio, pero sin el público no hay publicidad. De hecho, los ciudadanos de la Ilustración, hijos envejecidos y ajados de la Revolución Francesa, han conseguido, gracias a la sociedad de consumo del siglo XX y XXI un espíritu mucho más libre, deportivo e indócil de lo que se puede pensar.

No estoy del todo de acuerdo con lo que afirma Verdú en su artículo. Veamos. En primer lugar, como él mismo indica, ésta no era la primera vez que News of the World se inmiscuía de una forma vergonzosa (y rayana en lo ilegal, si no claramente ilegal) en la vida privada de múltiples conciudadanos, famosos unos, desconocidos los otros. Todo se supeditaba al gran dios de los titulares y, por ende, a la cuenta de resultados. Es más, como el propio Verdú reconoce, News of the World no es el único medio que cae en este tipo de prácticas. Son demasiados los tabloides británicos que se comportan de manera idéntica, aunque quizá hayan tenido algo más de suerte y no hayan metido la pata hasta este nivel. Pero es que, por si todo esto fuera poco, el problema tampoco está limitado al Reino Unido. De hecho, Verdú compara el sensacionalismo de News of the World con el de Sálvame, un programa del canal de televisión español Telecinco. O, para dejarlo bien claro, bien poco ha cambiado con este escándalo, pues las mismas prácticas y el mismo "periodismo" desvergonzado continúa imperando en los medios de comunicación. De hecho, a uno le da la impresión de que News of the World ha sido víctima precisamente del sensancionalismo. O, lo que es lo mismo, que de cazador se ha convertido en cazado y ha caído víctima del mismo tipo de comportamiento que su medio ponía en práctica. Poco (o nada) ha cambiado, por tanto. Cuesta trabajo, por consiguiente, compartir la afirmación de Verdú de que "los hijos envejecidos y ajados de la Revolución Francesa" hayan conseguido nada de nada. La rueda de escándalos continúa dando vueltas. Y si no, al tiempo. {enlace a esta entrada}

[Tue Jul 12 12:54:56 CEST 2011]

El País publica hoy un editorial titulado El euro, ante el precipicio que conviene leer como aviso a navegantes:

La convulsión permanente de los mercados, que apenas deja una semana de tranquilidad entre un episodio de ataques a las deudas periféricas y el siguiente, está llevando a la eurozona al caos financiero y al borde de la ruptura. La crisis, mal gestionada por las instituciones europeas, ha dado un peligroso salto cualitativo al involucrar a países como Italia que tienen gran parte de la deuda en manos de residentes.

(...)

El euro está en este gravísimo aprieto porque las autoridades europeas son incapaces de llegar a un acuerdo para articular un plan de rescate que proporcione una cierta estabilidad financiera a Grecia durante los próximos tres años. Con España e Italia situadas en la diana de la especulación, los ministros de Finanzas, el BCE y toda la pléyade de instituciones que deben ponerse trabajosamente de acuerdo para salvar el euro (porque hoy ya es cuestión de supervivencia) no pueden demorar más la salvación de Atenas.

(...)

Para corregir este caos que provoca empobrecimiento y paro, Europa (léase Alemania, Francia, el Eurogrupo y el BCE) tiene que aprobar ya —sin esperar a septiembre, pues igual no se llega— el segundo rescate de Grecia con la aquiescencia de las calificadoras y transmitir el mensake de que el BCE y el Eurogrupo tienen la capacidad para acabar con la especulación. No es momento de sutilizas, debates bizantinos y dudas metafísicas que castigan el crecimiento y el empleo. El sistema financiero tiene que ser consciente de que el BCE utilizará como garantía los bonos de todos los países del euro, sea cual sea el nivel de castigo recibido. Basta ya de parches.

El problema, por supuesto, es que los parches se siguen aplicando porque, hoy por hoy, con la estructura que tiene la UE, casi es lo único que se puede hacer, salvo que se logre un consenso de todos los implicados, lo cual es bien difícil. O, lo que es lo mismo, la crisis de la deuda está dejando al descubierto las debilidades de la estructura institucional de la UE. Se mire como se mire, lo que se ha demostrado fehacientemente es que un diseño que combina un mercado único con una moneda única, un poder político disgregado y sujeto a constantes negociaciones para alcanzar una mayoría cualificada que le permita tomar decisiones y un banco central cuya única misión es garantizar que los niveles de inflación se mantendrán bajos conlleva todos estos peligros que estamos viendo. En otras palabras, un sistema así funciona, mal que bien, aunque sea a trompicones, durante la época de vacas gordas, pero muestra todas sus limitaciones en la época de vacas flacas. Sencillamente, la UE no tiene ninguna autoridad a nivel comunitario que pueda hacerse responsable de la deuda de sus estados miembros. No cuenta tampoco con la posibilidad de vender sus propios bonos de deuda, al contrario que la Reserva Federal estadounidense. Solamente tenemos una miríada de países, la mayoría de ellos de pequeño tamaño e incapaces de hacer frente a los ataques de los especuladores internacionales, y una moneda única que no permite las depreciaciones competitivas. Ahí está la raíz última del problema y eso es lo que debemos reformar si queremos que el problema no vuelva a repetirse. Pero, de momento, como se afirma en el editorial de El País, lo urgente es solucionar el problema que tenemos entre manos, antes de meternos en reformas estructurales de ningún tipo. Eso sí, conviene tener bien presente lo que aquí comento para así asegurarnos de que proponemos soluciones acordes con ese otro objetivo final. De lo contrario, no haríamos sino poner obstáculos en un camino que tarde o temprano tendremos que recorrer entre todos. {enlace a esta entrada}

[Tue Jul 12 11:43:18 CEST 2011]

Un compañero de partido y amigo en Facebook ha colgado un enlace a la noticia que hoy publica Diario de Sevilla sobre el matador de toros Ortega Cano, a quien acaban de dar de alta en el hospital Macarena de Sevilla después de haber sufrido un accidente de tráfico. Como señala el autor del artículo:

La situación legal del matador se ha complicado después de que los análisis del Instituto de Toxicología confirmaran que la noche del 28 de mayo, cuando se produjo el accidente en el que falleció Carlos Parra Castillo, el matador circulaba bajo los efectos del alcohol. En concreto, según el informe toxicológico, la muestra de sangre del torero analizada —que fue recogida a su ingreso en el Hospital Macarena— presentaba una tasa de alcohol en sangre de 1,26 gramos por litro, por lo que casi triplicaba el límite legal permitido, que es de 0,50 gramos por litro en sangre o 2,25 miligramos por litro en aire respirado.

Sólo con este positivo, Ortega Cano ya podría ser imputado por un delito contra la Seguridad Vial del artículo 379 del Código Penal, que castiga con penas de tres a seis meses o con multas de seis a 12 meses y trabajos en beneficio de la comunidad al conductor que circule con una tasa de 0,6 miligramos en aire respirado o 1,2 gramos por litro de sangre. El artículo 380 amplía la pena de prisión de seis meses a los dos años en los casos en los que se considere que puede haberse producido además una conducción temeraria. Y a efectos penales, conducir con una tasa de alcohol prohibida, ya de por sí se califica como una conducción temeraria.

En contra del torero también están las tres llamadas realizadas al servicio del 112 por varios usuarios de la carretera A-8002 que indicaron que un vehículo como el del torero iba haciendo zig-zag. Estos testimonios también podrían ser determinantes para considerar una conducción temeraria.

Comenta mi amigo, y no me queda más remedio que estar de acuerdo con él, que lo más vergonzoso de todo ha sido ver las imágenes publicadas por los principales medios de comunicación que mostraban al equipo médico del hospital despidiendo al torero entre saludos y vítores al darse de alta. Sencillamente, la presunción de inocencia no está reñida con un poco de vergüenza, sentido cívico y, sobre todo, un mínimo de conciencia ética. Ortega Cano será todo lo famoso que quiera, pero el equipo de un hospital público (si no me equivoco, el Hospital Virgen de Macarena donde estaba ingresado el torero es público) debe tener bien presente las circunstancias que llevaron a su ingreso en el centro, por no hablar de la víctima mortal que se produjo como consecuencia de su conducción temeraria, por más que se trate aún de un presunto delito. El caso es que, aunque sólo fuera por respeto a la familia de Carlos Parra, la víctima, debían haber guardado la compostura.

Pero, en fin, como las cosas no suelen suceder porque sí, todo esto le lleva a uno a preguntarse a qué pueda deberse tamaña confusión de las prioridades éticas y morales. Y no me queda más remedio, quizá a mi pesar, que mostrar mi acuerdo con la crítica que suele proceder de los sectores más conservadores de nuestra sociedad, señalando que, al tiempo que hemos ido erosionando la moral, hemos ido también abandonando buena parte de unos principios y comportamientos mínimamente éticos sin los cuales se hace bien difícil la vida en sociedad. O, para aclarar un poco las cosas, cuando murió el dictador en la cama del hospital y nos lanzamos alegremente a tirar por la borda todo hábito moral, toda costumbre social que supusiera cortapisa alguna a la libertad del individuo, también abandonamos con ello lo que de positivo tenían aquellas reglas. No debe extrañarnos, pues, que bien poca gente pida las cosas por favor, que casi nadie dé las gracias o que el comportamiento cívico y respetuoso brille por su ausencia en nuestras calles. La verdad es que nos deshicimos de todo ello debido a la errónea creencia de que no eran sino obstáculos al desarrollo del individuo en libertad (curiosamente, por estos lares la liberación que en otros sitios tuvo lugar en la década de los sesenta no llegó hasta bien entrados los ochenta), en lugar de verlos como normas de comportamiento para asegurar la convivencia en el espacio público, que es lo que eran. Podíamos haber apostado por poner dichas normas al día, adaptándolas a la sociedad democrática que entre todos estábamos construyendo poco a poco. Pero, en su lugar, preferimos abandonarlas por completo, sosteniendo que las normas (cualquier norma) eran siempre autoritarias por su propia naturaleza. A lo mejor se trata de la raíz libertaria del español, pero lo cierto es que aquellos polvos trajeron estos lodos y ahora nos va a costar mucho más corregir el rumbo, dejando incluso la puerta abierta a que pueda darse una reacción por hartazgo que conduzca el péndulo nuevamente hacia el otro extremo. {enlace a esta entrada}

[Mon Jul 11 12:37:32 CEST 2011]

Si mal no recuerdo, hace tan sólo unas cuantas semanas que escribí en estas páginas sobre la decisión del Gobierno de volver a incrementar el límite de velocidad en las autopistas a 120 kilómetros por hora. Ya en aquel momento advertíamos que se trata de una más en una larga lista de decisiones y posiciones del Gobierno que no hance sino enviar el mensaje a la ciudadanía de que se está improvisando constantemente. Pues bien, hoy mismo leemos en las páginas de El País que el crudo sube un 12% desde que el Ejecutivo volvió al límite de 120:

El pasado 24 de junio, el Consejo de Ministros levantó el impopular límite de velocidad de 110 kilómetros por hora. La decisión coincidió con el mínimo precio del barril en cuatro meses, 105 dólares tras una súbita caída esa misma mañana. El entonces vicepresidente primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, dio por zanjado el problema del crudo: "Todas las previsiones futuras que tenemos en este momento son que [el crudo] va a seguir bajando". De momento, "todas las previsiones" fallaron. El barril ha subido en estas dos semanas un 12% y el barril cerró el viernes en 118 dólares.

¿Se veía venir o no? Como digo, no se pueden tomar medidas de esta forma y todavía esperar que el ciudadano medio tenga la sensación de que el Gobierno sabe a dónde va y verdaderamente tiene controlada la situación. Hace ya tiempo que andamos en "modo reactivo", como un boxeador tan golpeado que pega derechazos al aire sin saber muy bien de qué va la cosa. Rezonozcámoslo. Solamente así seremos capaces de hacer algo al respecto. {enlace a esta entrada}

[Sun Jul 10 16:29:08 CEST 2011]

Según leo en el diario Público, el PP propone liberalizar el suelo y recuperar la desgravación por compra de vivienda para luchar contra la crisis. Al parecer, no aprendemos de nuestros propios errores. Todavía nos encontramos inmersos en una crisis que por aquí ha azotado con más fuerza que por otros lugares precisamente debido a la centralidad del mundo de la construcción en nuestra economía y ahora vienen los expertos económicos del PP a decirnos que piensan solucionarlo todo volviendo a aplicar la misma fórmula. La verdad es que no debiera extrañarnos tanto. Después de todo, tanto han repetido que la culpa de la crisis es de Zapatero que han acabado por creerselo y ni siquiera se les ocurre revisar sus propias políticas. O, lo que es lo mismo, la cerrazón maniquea llevada al extremo del propio suicidio. No nos merecemos estos políticos que tenemos. {enlace a esta entrada}

[Sun Jul 10 16:22:13 CEST 2011]

Magnífica la viñeta de Vergara que vemos hoy en Público:

Seguramente dolerá a muchos militantes y simpatizantes del PSOE, pero refleja muy bien lo que bastantes votantes socialistas sienten en su corazón. La gente no es tonta del pelo. El ciudadano de a pie no basa su percepción solamente en los discursos, sino también en la políticas que se aplican. Y, se mire como se mire, Rubalcaba ha sido un miembro destacado del mismo Gobierno que ha venido aplicando unas políticas que difícilmente pueden considerarse de izquierdas. Pero es que, además, por si esto fuera poco, este mismo Rubalcaba tambié fue un miembro destacado de los gobiernos de Felipe González. En fin, que Rubalcaba tiene más bien pocas credenciales para hablar de una nueva sensibilidad política y que le creamos. Solamente alguien tan embebido de política partidista en el día a día como quienes desempeñan sus cargos en el aparato del PSOE pueden no ver esto. {enlace a esta entrada}

[Sun Jul 10 16:09:09 CEST 2011]

Si alguien dudaba que nuestro sistema de partidos está cayendo muy (pero que muy) bajo, no tiene más que observar lo que acaba de pasar en el País Vasco. Según leemos en Gara, la representante de Ezker Batua, Kontxi Bilbao, ha reconocido que miembros de su partido plantearon al PNV enchufar a afiliados a cambio de su apoyo para conseguir la Diputación de Álava:

La portavoz de Ezker Batua en Araba, Kontxi Bilbao, ha ofrecido una rueda de prensa para aclarar, ante la denuncia hecha pública ayer por Xabier Agirre, que el PNV le trasladó que algunas persona de EB, a la que no ha querido identificar, trató de introducir en la negociación la consecución de cargos de confianza para algunas personas de la coalición.

El que fuera candidato jeltzale a diputado general de ese herrialde sacó a la luz que Ezker Batua le había pedido "dinero" y "puestos", concretamente colocar a 39 afiliados en diferentes fundaciones y facilitar la concesión de un crédito de 600.000 euros, a cambio de apoyar su reelección.

¡Qué lejos queda todo esto de aquel celebrado "programa, programa, programa" de Julio Anguita! Y, sin embargo, cualquier que se haya implicado mínimamente en la política en nuestro país sabe que esto está a la orden del día. Los partidos y sus aparatos están tan enquistados en el sistema que ven como algo perfectamente normal el repartirse los despojos a cambio de votos, esforzándose después, eso sí, en justificarlo todo como "apoyo condicionado" basado en "negociaciones políticas". Lo que no nos dicen tan claramente es que en esas negociaciones los programas y los proyectos son casi siempre lo de menos. Lo que más importancia tiene, lo que más tiempo lleva negociar, es siempre el reparto de cargos. {enlace a esta entrada}

[Sun Jul 10 15:41:31 CEST 2011]

La crispación política parece estar adueñándose de casi todas las democracias avanzadas últimamente. Digo esto a propósito, por ejemplo, de las disputas entre demócratas y republicanos en el estado de Minnesota a cuentas de los presupuestos . Un estado que siempre se ha caracterizado por la moderación de sus políticos, la disposición de unos y otros a llegar a acuerdos de consenso y, sobre todo, por unas políticas relativamente progresistas en comparación con el resto del país, se encuentra en estos momentos en el centro del huracán debido a la cerrazón partidista. Tanto unos como otros, demócratas como republicanos, parecen haberse olvidado de los días en los que apostar por el diálogo y la moderación se veía como algo normal y, por supuesto, se premiaba en las urnas. Y ahí está, precisamente, la raíz del problema. Tal y como se afirma en el artículo del diario local Star Tribune:

Once seen as a model of good government, Minnesota —along with neighboring Wisconsin— increasingly is cited as the harbinger of a new era of partisan division and political paralysis. Analysis on both sides say ideological lines are hardening from St. Paul to Washington, reflecting the growing rit in a nation wracked by economic uncertainty.

"I can definitely see a trend happening," said Sara Imhof, Midwest director for the Concord Coalition, a nonpartisan anti-deficit group. "If people in the Midwest can't get along, good Lord help them in Texas and Florida and all those other places where they're not always known for being friendly folk."

(...)

In Minnesota, as in Washington, policymakers have looked to neutral third parties to broker a deal. But Obama's bipartisan deficit reduction commission came largely to naught. In Minnesota, it remains uncertain whether results can be expected from an ad hoc budget group formed this week by former Republican Gov. Arne Carlson and former Vice President Walter Mondale, a Democrat.

"I never remember a time when we had such deadlock, paralysis, almost unrelenting rigidity," said Mondale, a veteran of the epic civil rights battles of the 1960s. "We were able to work across the aisle and shape what I call American solutions to big issues."

Mondale said he's at a loss to explain what happened in the ensuing years. "Something happened to shatter that essential ability to compromise and build for the future," he said.

The root, he said, reside not in Minnesota but in the increasingly polarized national political arena. "I'm worried that this fever that's seized Washington has been nationalized," he said.

Mondale traces part of that fever to a growing emphasis on conservative social issues even within the Tea Party, which got its impetus as a fiscal reform movement.

"Some of it began when we started converting political issues into religious questions," he said. "Once you get into that mode, compromise becomes a sin, not a necessity."

Aunque por estos lares aún no hemos alcanzado ese nivel de bastardización de la política por el dogma religioso, también hemos asistido a una creciente polarización de nuestro discurso político, lo cual me hace pensar que quizá Mondale no esté del todo en lo cierto. Asimismo, podría pensarse sin duda que nada de esto es sorprendente si tenemos en cuenta el contexto de fuerte crisis económica en que vivimos. Sin embargo, lo cierto es que esta tendencia llevaba ya bastantes años apuntándose en el horizonte. La crispación política aquí en España ya se vivió durante la época de los escándalos de corrupción que atenazaron a los últimos gobiernos de Felipe Gonzáez a mediados de la década de los noventa. Igualmente, el primer mandato de Zapatero se caracterizó también por un ataque sin piedad del PP en todos los frentes. Como no viví en el país entre 1995 y el 2006, no puedo hablar de los años en los que el PSOE se encontró en la oposición, pero no me extrañaría nada oír que la cosa tampoco fue muy distinta. Como digo, la polarización parece estar instalándose entre nosotros, en los EEUU tanto como aquí en Europa.

¿A qué puede deberse esta deriva hacia el dogmatismo y la crispación? Como siempre ocurre con estas cosas, dudo mucho que podamos tratarlo en unas cuantas frases. No obstante, estoy convencido de que la creciente importancia de los mass media y el marketing en el mundo de la política, además de su imparable profesionalización, conduce a una situación en la que se premia más la imagen, la pose, el discurso, los eslóganes de medio pelo y la retórica inventiva e ingeniosa que el contenido, el trabajo, la gestión y la capacidad de dialogar y alcanzar acuerdos. No digo que sea éste el factor principal, pero sí uno de los elementos a tener en cuenta. El debate y el diálogo han desaparecido en favor del ruido mediático y los portavoces vocingleros, faltones y, si me apuran, hasta chulescos. {enlace a esta entrada}

[Thu Jul 7 10:37:38 CEST 2011]

El País publica hoy una interesante entrevista con Juan Carlos Rodríguez Ibarra, ex-presidente de la Junta de Extremadura. He de reconocer que Rodríguez Ibarra nunca fue santo de mi devoción, lo que no quita para que siempre preste atención a lo que tenga que decir. Se puede o no estar de acuerdo con él, se puede considerar su estilo algo populista, demagógico e incluso faltón en ocasiones (en eso se parece bastante a Alfonso Guerra), pero no son pocas las veces que dice cosas bastante sensatas. En este caso, me da la impresión de que predominan las cosas interesantes. Empecemos, no obstante, por una afirmación con la que no estoy de acuerdo:

— Monago dice que va a estar solo ocho años, una clara referencia a usted, que estuvo 24.

El que dice que va a estar ocho años es un tapabaches. Si tuviera en su cabeza un proyecto de transformación de la región, eso nunca acaba.

Sale a la palestra el tema de la limitación de mandatos, algo con lo que estoy completamente de acuerdo. Aquí, la respuesta de Rodríguez Ibarra me parece excesivamente egocéntrica. El proyecto de transformación no debe estar en la cabeza del líder supremo, sino en el partido y, por supuesto, en el equipo de gobierno. La respuesta de Rodríguez Ibarra me parece, como digo, irresponsable, demagógica y egocéntrica, además de poco democrática. Se trata quizá de uno de los muchos resabios de autoritarismo que aún nos quedan de tantas décadas de franquismo y tantos siglos de monarquía absoluta.

Pero entremos en el meollo de la entrevista, que no es otro que las opiniones del ex-presidente autonómico y barón socialista sobre la situación en que se encuentra su partido en estos momentos:

— Dice Vara que ha podido parecer que PSOE y PP son lo mismo. ¿Ése ha sido el problema del PSOE en toda España en estas elecciones?

La gente tiene sensación de que Zapatero está haciendo lo mismo que haría Rajoy. En política muchas veces no puedes hacer lo que quieres, pero la gente de izquierdas no nos elige para que hagamos la política de la derecha pero mejor, sino para que hagamos cosas distintas con un estilo distinto.

— ¿Zapatero lleva al PSOE a un hundimiento del que tardará años en recuperarse?

— Si gana las eleccion Rajoy vamos a tardar en volver al Gobierno. Es un hecho. El PP estuvo ocho años y pudo estar 16 si Aznar no llega a mentir tras un atentado tremendo.

— Han quedado peor que en 1995. ¿Por qué cree que el PSOE no ha podido frenar la ola?

El PSOE ha perdido la capacidad de autocrítica. Antes, en los comités federales, estaba prohibido hablar bien de la ejecutiva, ahora casi está prohibido hablar mal. Si alguien hubiera aconsejado a Zapatero que no siguiera esa política, o que dejara a otro...

— ¿Que dimitiera?

En mayo de 2020 podía haber dicho, "miren ustedes, yo me presenté a las elecciones con este programa, me obligan a hacer esto, pero no lo voy a hacer porque tengo un compromiso de hacer lo contrario, y no creo en esto, así que dejo a otro". Hoy tendríamos una reserva de liderazgo importante en el PSOE, porque hubiera quedado como Dios.

— ¿No le habrían criticado por irresponsable?

También podía explicar lo que tenía que hacer. Cualquier decisión hubiera sido menos dolorosa que hacer un giro total en la política sin explicarlo, como si no estuviera haciéndose. La gente no es tonta. Si me dicen que van a bajar mi pensión pero que es para beneficiar a mi hija, lo acpeto mejor que si simplemente me dicen que es por la crisis. Confío en la gente, pero hay que llevarla a la épica del patriotismo. Hace falta pedagofía, contar cuánta gente se lleva dinero de España legalmente, por ejemplo.

— ¿Qué le parece la investigación a Botín por presunto fraude fiscal?

— Es un mal ejemplo. ¿Por qué tenía ese dinero en Suiza? ¿Cómo se conjuga eso con el patriotismo? ¿Cómo quiere que crea los consejos que nos da?

(...)

— El 15-M parece muy alejado del PSOE.

— Rubalcaba debe exproximarse a ellos. La izquierda tiene que reinventarse, resetear, es lo que quieren los jóvenes. Les dijimos "formaos y tendréis el futuro garantizado". Y ahora tienen un máster y están de cajeros en un supermercado. El sistema tiene un virus, hay que reiniciar. Rubalcaba tiene que conectar con el 15-M, decirles "vamos a resetear", y ese movimiento estará con nosotros. Todo está en revisión, la crisis de la izquierda llega porque no se atreve a decir que está dispuesta a revisarlo todo. El nuevo modelo de sociedad se basa en la inteligencia, no podemos seguir con esquemas de otro siglo.

Comparto todos esos comentarios, aunque creo que se equivoca al afirmar que "la crisis de la izquierda llega porque no se atreve a decir que está dispuesta a revisarlo todo". No, el problema no es ese, sino más bien que la izquierda está siempre dispuesta a decir que pretende revisarlo todo, pero después jamás lo lleva a la práctica. Como dice en otro momento de la entrevista, la gente no es tonta y solamente se le puede tomar el pelo por un período limitado de tiempo. La dura realidad es que, en lo que hace a la formación de nuestros cuadros, hay más bien pocas diferencias entre la derecha y la izquierda. Los intereses creados de quienes ven la política como una carrera a la que dedicarse de por vida son demasiado fuertes como para revisar nada a fondo y tienden, por el contrario, a promover el conservadurismo, al menos como actitud, si no como ideología. Las inercias acaban adueñándose de todo. Eso es lo que hay que solucionar. Mientras tanto, dudo mucho que nadie en el seno del movimiento 15-M preste atención alguna a Rubalcaba si intenta acercarse a ellos. Sencillamente, no tiene credibilidad dentro de ese sector social. Seamos honestos. Reconozcámoslo. {enlace a esta entrada}

[Tue Jul 5 17:14:27 CEST 2011]

La Cadena SER ha sacado a la luz hoy el borrador de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal que prepara el Gobierno, que contiene algunos cambios interesantes:

El procedimiento penal español, del siglo XIX, va a entrar por fin en el XXI. O eso pretende el Gobierno con el proyecto de reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal —que revisa la norma de 129 años de antigüedad—, que espera presentar al Parlamento antes del fin de la legislatura. La cade SER ha tenido acceso al borrador, elogiado por juristas, que consagra el Derecho de defensa y redefine las funciones del juez y el fiscal. Entre otras novedades, cuando entre en vigor será a Fiscalía quien conduzca las investigaciones asociadas al proceso penal.

Con el nuevo modelo, los jueces dejarán pues de ser los encargados de investigar y su funcióln como garantes del proceso será reforzada: serán ellos quienes velen por las garantías y los derechos del sospechoso. Y este verá fortalecida la presunción de inocencia con la figura del juez de garantías primero, el juez de la audiencia preliminar después y por último, el juicio.

Me parece todo muy sensato. Ya iba siendo hora de que reformáramos un procedimiento que, simplemente, no tenía ni pies ni cabeza en el mundo en que vivimos. No puedo explicar cuántas veces he sufrido intentando explicar a amigos extranjeros que en nuestro sistema judicial el juez es quien investiga la causa y, de hecho, en numerosas ocasiones parece hasta apoyar claramente a una de las partes implicadas. No hay más que echar un vistazo a los problemas que hemos vivido con las diversas investigaciones abiertas por el juez Garzón. Sencillamente, ese no puede ser el papel de un juez. Eso corresponde al fiscal. Ahora bien, no me parece descaminada la sugerencia que ya se ha hecho desde las filas del PP de revisar la propia función de los fiscales y, sobre todo, su proceso de elección, pues se corre el riesgo de que su figura se vea desprestigiada al ser considerada un mero peón del Gobierno de turno (algo que, por cierto, ya sucede en estos momentos, pero que sin duda se vería intensificado con esta reforma). En fin, como de costumbre, esperemos que nuestros representantes tengan al menos la valentía de negociar honestamente un cambio tan importante como éste, dialogar y llegar a un consenso. {enlace a esta entrada}

[Fri Jul 1 13:26:06 CEST 2011]

Leemos hoy en El País que los niños que comen en el colegio sufren menos sobrepeso. Se trata de un estudio de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria que viene a subrayar ciertos hechos más bien preocupantes acerca del tema en nuestro país:

Los niños españoles tienen un problema de peso. El 19,1% de los menores de seis a nueve añs padece obesidad y el 26,1% sobrepeso. Las cifras, que muestran que el 45,2% de los menores se pasan de kilos, son alarmantes y apenas han variado en los últimos 10 años. El poco tiempo dedicado a las actividades deportivas, unido a que los menores dedican gran parte de su ocio a ver la televisión o a jugar a la consola no ayudan en absoluto. Además paradójicamente, los niños que comen en el colegio presentan índices de exceso de peso menores que aquellos que se van a casa.

(...)

Además, el informe, que utiliza por primera vez los patrones de medición del sobrepeso y la obesidad infantil que da la Organización Mundial de la Salud (OMS), muestra que España encabeza, junto con Italia, la lista de países con más niños gordos. Muy por delante de países como Bélgica, Noruega o Irlanda. Los niños españoles ya no consumen los productos tradicionales de la dieta mediterránea y eso se nota.

Hay dos elementos del estudio que me llaman la atención. En primer lugar, habría que notar que el problema de la obesidad y el sobrepeso no se limitan tan sólo a esta franja demográfica, sino que también se ha ido extendiendo entre la población adulta. Digo esto porque parece estar de moda culpar del problema a las consolas de juego, cuando el segmento de población adulta también se ve afectada por el sobrepeso y, sin embargo, parece más bien poco probable que ahí se dé una seria adicción a los videojuegos. En otras palabras, que a lo mejor hay otros componentes que debieran considerarse más a fondo antes de agarrarse a los prejuicios de siempre. Lo mismo puede ser que los españoles vemos demasiada televisión y practicamos muy poco deporte (aunque, eso sí, seamos líderes a la hora de verlo en la pequeña pantalla). También pudiera ser que nuestros horarios tradicionales se adapten más bien mal a las condiciones sociales de un siglo XXI en el que la mujer suele trabajar fuera de casa, con lo que ello tiene de falta de tiempo para hacer ejercicio y, por supuesto, cocinar. Bien pudiera ser también que, conforme nuestra sociedad se ha ido enriqueciendo, es mucho más fácil comer más de la cuenta. O lo mismo es que la adoración por la tan cacareada dieta mediterránea está fuera de lugar. Y éste es, precisamente, el segundo elemento que me parece que debiéramos considerar con detenimiento. El mismo autor del artículo afirma que "los niños españoles ya no consumen los productos tradicionales de la dieta mediterránea y eso se nota". ¿A qué "productos tradicionales de la dieta mediterránea" se refiere? ¿Estará hablando de los salchichones, chorizos, butifarras, jamones y demás chacinas? ¿Se referirá a las pringás, churrascos, cochinillos, migas y otras delicias de la carne? Porque todos esos son, que yo sepa, "productos tradicionales de la dieta mediterránea". Le da a uno la impresión de que se ha construido todo un mito en torno a la llamada dieta mediterránea que no hace sino distorsionar la realidad culinaria de la región pues, junto a vegetales y frutas frescas, junto a las tradicionales legumbres, también son igualmente mediterráneos otros productos que, en realidad, no son nada saludables y favorecen el sobrepeso. Habrá que reconocer eso, digo yo. De lo contrario, sólo estaríamos engañándonos estúpidamente. Creo que sería mucho más productivo que las autoridades sanitarias de nuestro país centraran la atención y las campañas no en etiquetas simplistas, sino en un contenido serio y riguroso sobre cuáles son los hábitos de vida que contribuyen a combatir el sobrepeso. Así, sin más. Sin etiquetas que nos llenen de orgullo patrio. {enlace a esta entrada}