[Sat Aug 31 09:31:10 CDT 2013]

Hace unos días una amiga española que se ha mudado a los EEUU recientemente (otra expatriada forzosa debido a la triste situación económica del país) compartió conmigo el enalce a un artículo de Arturo Pérez-Reverte titulado Contigo, o contra mí en el que critica la obsesión (tan española, según él) de encasillar a la gente:

Destaca, significativa, la necesidad de encasillar. Si usted opina, por ejemplo, que a Manuel Azaña se le fue la República de las manos, no encontrará criterios serenos que comenten por qué se le fue o no se le fue, sino airadas reacciones que, tras mencionar el burdo lugar común de Hitler y Mussolini, acusarán al opinante de profranquista y antidemócrata. Y, si por poner otro ejemplo, menciona el papel que la Iglesia Católica tuvo en la represión de las libertades durante los últimos tres siglos de la historia de España, abundarán las voces calificándolo en el acto de anticatólico y progre de salón. Pondré un ejemplo personal: una vez, al ser interrogado sobre mi ideología respondí que yo no tengo ideología porque tengo biblioteca. No pueden ustedes imaginar cómo llovieron, en el acto, las violentas acusaciones de que escurría el bulto "y no me mojaba". Y es que en España parece inconcebible que alguien no milite en algo y, en consecuencia, no odie cuanto quede fuera del territorio delimitado por ese algo. Reconocer un mérito al adversario es para nosotros impensable, como aceptar una crítica hacia algo propio. Porque se trata exactamente de eso: adversarios, bandos, sectas viscerales heredadas, asumidas sin análisis. Odios irreconciliables. Toda discrepancia te sitúa directamente en el bando enemigo. Sobre todo en materia de nacionalismos, religión o política, lo que no toleramos es la crítica, ni la independencia intelectual. O estás conmigo, o contra mí. O eres de mi gente —y mi gente es siempre la misma, como mi club de fútbol— o eres cómplice de la etiqueta que yo te ponga. Y cuanto digas queda automáticamente descalificado porque es agresión. Provocación. Crimen.

Me temo que lleva razón Pérez-Reverte en cuanto a lo de la actitud sectaria. Sin embargo, hay un par de clarificaciones que me gustaría hacer al respecto. En primer lugar, y al contrario de lo que afirma Pérez-Reverte, yo no tengo tan claro que se trate de un comportamiento "muy español. De hecho, me temo que es má bien propio de la amplia mayoría de seres humanos, independientemente de su nacionalidad. He vivido el suficiente tiempo en los EEUU como para observar el mismo tipo de actitud sectaria y partidista con respecto a quienes no son de la misma cuerda del que escribe o habla. No tiene uno más que recordar la facilidad con que tantos demócratas calificaban a George W. Bush de "fascista", mientras que no son pocos los republicanos que califican ahora a Obama de "socialista" (téngase en cuenta que, en el contexto estadounidense, el término socialista se identifica más bien con lo que en otros lugares llamamos comunismo). No hay más que pasar un rato oyendo lo que se dice en las ondas de radio estadounidenses o lo que se escribe en muchos sitios para observar precisamente el mismo tipo de comportamiento que critica Pérez-Reverte en su artículo. No sé cómo será en otros países, pero desde luego es así aquí en los EEUU. Por supuesto, quien ni siquiera se preocupa por seguir la actualidad política no se va a enterar de la misa la media, y puede incluso pensar que las cosas son distintas, sobre todo en una sociedad como la estadounidense en la que los temas políticos no se discuten con la libertad con que se hace en otros sitios.

Pero hay un segundo asunto que me gustaría aclarar con respecto a este artículo de Pérez-Reverte: aunque entiendo sus sentimientos con respecto al sectarismo (y, de hecho, los comparto plenamente), no por ello apruebo la actitud de quien se limita a ver los toros desde la barrera impartiendo lecciones por doquier sin jamás echarse a la arena y atreverse a hacer algo por cambiar las cosas. Cuidado, porque esto no quiere decir que todo el mundo esté obligado a comprometerse. Sin embargo, si alguien (como es su caso) no cesa de escribir sobre la realidad política de un país y jamás tiene la valentía de lanzarse al ruedo, me parece que es legítimo criticarle por ello. Yo ya me he implicado políticamente en varias ocasiones, y he visto lo suficiente desde dentro como para confirmar que lo que dice Pérez-Reverte es totalmente cierto. Con algunas excepciones, por lo general quienes militan en los partidos políticos lo ven todo desde una visión miope y cortoplacista que lo reduce todo a una distinción simplista entre amigos y enemigos, los "buenos" y los "malos". A unos se les escucha (en realidad, muchas veces tan sólo se les oye), en tanto que a los otro no se les da tregua. Se ven las cosas como si se tratara de una peña ultra de un club de fútbol o algo por el estilo. Ya digo, creo que está en lo cierto al apuntar esto. Sin embargo, pese a ello, creo que lo más ético y honrado es comprometerse, pringarse y tratar de hacer lo que se pueda para mejorar las cosas. Eso sí, como bien dice Pérez-Reverte, siempre desde la independencia intelectual. Nada de fanatismos. De eso, mientras menos, mejor. {enlace a esta entrada}

[Sat Aug 31 09:16:05 CDT 2013]

La web de Público nos informa que va a salir a la luz una nueva edición de La Transición contada a nuestros padres, de Juan Carlos Monedero y, leyendo la noticia, me encuentro con la siguiente cita del escritor Manuel Vázquez Montalbán que, me parece, retrata a la perfección lo que fue la Transición española a la democracia:

La Transición es el cruce de dos impotencias.

Sólo un escritor podía haberlo sintetizado así de bien. Efectivamente, ni los franquistas tenían la fuerza suficiente para detener los cambios que se avecinaban, que inevitablemente incluían el fin del régimen tal y como se conocía en esos momentos, ni tampoco los partidarios de la ruptura contaban con el suficiente apoyo (y, sobre todo, el suficiente poder efectivo) como para imponer un salto adelante que rompiera con el pasado franquista. Y el resultado ya lo conocemos todos. El mal menor. Una transición pactada para evitar males mayores. Y no salió tan mal, la verdad. Ya sé que está de moda criticarla y hasta renegar de ella, pero estoy convencido de que se hizo lo que se pudo, dadas las circunstancias, por un lado y por el otro. Se me dirá, ¿que quizá el entramado institucional que se montó en aquel entonces ya no sirve? Pues es bien posible. La sociedad española ha cambiado mucho desde entonces, y parece bien claro que las instituciones no están funcionando como debieran. Por consiguiente, quizá haya llegado el momento de plantearse un cambio. Ahora bien, hay que andarse con mucho cuidado. No me parece muy sensato tirar por la borda la tradición de consenso que se inició en aquellos años, y que supuso, creo, un gran progreso para nuestro país, sobre todo cuando se lo compara con los conflictos del pasado. {enlace a esta entrada}

[Wed Aug 28 16:33:08 CDT 2013]

Mucho veo que se discute últimamente sobre la constitucionalidad de tal o cual bandera. De hecho, hace unos minutos leíamos en la web de El País que el Gobierno justificar prohibir banderas nacionalistas en un partido del Depor. Vayamos por partes. En primer lugar, parece que lo que el Gobierno quiere prohibir no son las banderas nacionalistas, sino las independentistas o separatistas, precisamente como la bandera independentista gallega que aparece en la foto que acompaña a la noticia. Digo esto porque, aunque parezca que no, sí que hay una diferencia sutil entre lo uno y lo otro. En cualquer caso, no entiendo que en una democracia consecuente se prohíba bandera alguna, ya sean las separatistas, las republicanas, las comunistas, las anarquistas o incluso las fascistas. Veamos, me parece evidente que, ateniéndonos a la legalidad (¿y en qué puede consistir, si no, la democracia?) ninguna bandera que no sea la oficial debe ondear en ningún edificio público. Sin embargo, me parece igualmente evidente que los ciudadanos y las organizaciones de la sociedad civil tienen el derecho a ejercer la libertad de expresión para ondear la bandera que les plazca. Obviamente, a mí me puede gustar más o menos tal o cual bandera, tal o cual símbolo, pero no veo cómo pueda prohibirlas y, al mismo tiempo, argumentar que lo hago desde una visión tolerante y democrática. Y que conste que, como ya digo, esto incluye la bandera franquista del aguilucho, las de la Falange y hasta las nazis.

En líneas generales, me preocupa una tendencia que ha ido adquiriendo más y más fuerza en nuestros países económicamente desarrollados de un tiempo a esta parte, que consiste en prohibir por ley aquello que no gusta o no se comparte. No creo que sea democrático ni tolerante y, como digo, creo que se trata de una tendencia algo preocupante. Parece que cada vez más gente piensa que es correcto asumir que el Estado nos diga qué pensar y qué creer. Supongo que se trata de algo íntimamente ligado al movimiento de lo políticamente correcto, que comenzó a desarrollarse allá por la década de los ochenta. En fin, me parece una lógica equivocada y, además, peligrosa. {enlace a esta entrada}

[Tue Aug 27 15:09:01 CDT 2013]

Aunque hace ya tiempo que el tema se encuentra en el centro de la actualidad informativa internacional, he preferido no escribir sobre ello hasta ahora porque, entre otras cosas, está uno ya harto de ver a los medios de comunicación de los países desarrollados establecer la agenda de aquellos temas que vamos a discutir todos en los pasillos, en los bares, en las redes sociales... mientras al resto de los mortales casi no nos queda otra opción que ir a remolque de lo que marcan ellos y repetir las consignas de siempre. Pero, en fin, parece que ahora suenan otra vez los tambores de guerra y EEUU anuncia que está listo para un inminente ataque militar contra Siria en represalia por el supuesto uso de armas químicas contra los rebeldes. Los aliados de los estadounidenses, por su parte, también han ido tomando posiciones durante los últimos días, todos ellos justificando claramente la intervención humanitaria. Está uno ya hasta las gónadas de intervenciones humanitarias que, casualmente, siempre están protagonizadas por los mismos y acaban beneficiando a ellos, a sus intereses y a sus aliados.

Veamos. En primer lugar, no está nada claro que realmente el régimen de El Asad esté detrás del ataque con armas químicas que tanta polvareda está levantando. Según leíamos ayer mismo, hay inspectores de la ONU esperando a entrar en la zona para proceder a investigar el asunto. Hasta entonces, se mire como se mire, no hay pruebas, sino sólo sospechas. ¿De verdad que tengo que recordar el fiasco de Irak? ¿Nadie se acuerda ya de Hans Blix, quien fuera despiadadamente atacado en los medios de comunicación estadounidenses por afirmar que no había encontrado pruebas de que los iraquíes tuvieran armas de destrucción masiva? No recuerdo haber oído ninguna disculpa de las autoridades ni los medios estadounidenses después de haber lanzado todo tipo de mierda contra el pobre hombre.

Pero es que, en segundo lugar, creo recordar que fue hace tan sólo unas semanas (¿quizá un par de meses?) cuando eran precisamente los rebeldes quienes estaban en el punto de mira debido a las sospechas de que habían usado armas químicas. ¿Por qué no se habló entonces de intervención militar? ¿A lo mejor las armas químicas son morales o inmorales dependiendo de lo que convenga a los intereses de cada cual? La hipocresía no puede ser mayor, la verdad. EEUU y las otras potencias occidentales, al igual que Rusia y otros, se preocupan únicamente del tablero de ajedrez y la partida geopolítica que se traen entre manos. Eso sí, recurren a argumentos morales para ganarse el apoyo de la población, que no parece aprender del pasado.

Por cierto, no está de más recordar ahora mismo que la revista Foreign Policy recientemente publicó un artículo sobre documentos de la CIA que han sido desclasificados y muestran bien a las claras el apoyo estadounidense a Sadam Hussein en los años ochenta mientras gaseaba a los iraníes. Seamos claros, esto ya se sabía hace tiempo, pero ahora tenemos la evidencia. ¿Significa esto que Obama va a dar la orden de lanzar drones contra las plantas donde se fabricaron aquellas armas? Lo dudo mucho. Como de costumbre, hay dos varas de medir. Una para nosotros y otras para los demás. De ahí que en cuanto oigo un argumento moral para justificar una acción de política exterior prefiero dejar de prestar atención inmediatamente antes de pillarme un cabreo.

En realidad, en el conflicto sirio tenemos a un régimen autoritario brutal por un lado y a unas milicias mayoritariamente fundamentalistas que incluso cuentan con el apoyo de Al Qaeda, por el otro. Lo siento mucho, pero me temo que en este caso ni siquiera hay un mal menor que podamos elegir. {enlace a esta entrada}

[Mon Aug 26 12:53:07 CDT 2013]

Leo hoy en El País la noticia titulada Griñán se va pero no se jubila y me llama la atención el comentario añadido por uno de los lectores (la falta de acentos se encuentra en el original, pero es lo de menos; concentrémonos en el contenido):

Ains... ya quisieramos estar como hace cuarenta años, cuando no había paro en España, cuando un padre de familia pagaba el piso en diez años y con su trabajo podia mantener a toda la familia, cuando podias dejar la casa con las puertas abiertas sin que te robaran, cuando no habia cientos de miles de politicos y millones de parasitos a mantener, cuando no se pagaban impuestos y trabajabas para tí mismo. Eso sí, no habia esta democracia que tan feliz nos hace a todos, especialmente si eres político o sindicalista.

Creo haber escrito ya en algún otro sitio que por supuesto, el mito, tantas veces repetido, de que "con Franco no había paro" no es para nada cierto. Sencillamente, lo que sucedía es que exportábamos la mano de obra sobrante a los países del norte de Europa, de la misma manera que lo estamos haciendo ahora. No obstante, ello no quita para que dejemos de reconocer que, por lo menos, sí que había una industria nacional más o menos fuerte, que fue precisamente la que protagonizó la época del denominado desarrollismo, junto a los sectores agrícola y turístico. Y que conste que digo esto sin sentir simpatía alguna hacia la dictadura franquista, que se encuentra en las antípodas de los valores en los que creo. Pero, pese a todo, no me gusta la manipulación política descarada y me esfuerzo todo lo que puedo en hacer un análisis objetivo de las cosas. Seamos claros: la desindustrialización de nuestra economía comenzó durante los gobiernos socialistas de los años ochenta, y fue en buena parte el precio que tuvimos que pagar para incorporarnos a la Unión Europea. Después llegaría el milagro económico español de la mano de José María Aznar, basado en la especulación inmobiliaria y el endeudamiento privado. En conclusión, que, como he dicho en otras ocasiones, el agujero económico en que nos encontramos en estos momentos se lo debemos a la gestión económica de ambos, PSOE y PP. Eso sí, para ser completamente honestos también habría que añadir que la amplia mayoría de españoles no criticaba ni a unos ni a otros mientras duró la juerga.

En cualquier caso, aunque me preocupa el populismo nostálgico de quien escribió ese comentario en el web de El País, no me queda más remedio que reconocer que en algunos puntos lleva toda la razón. Por ejemplo, no cabe duda de que durante un par de décadas fue posible para un padre de familia el ganar lo suficiente como para pagar la hipoteca en poco más de diez años, mantener a la familia y hasta permitirse unas modestas vacaciones en la playa. Cierto, los niveles de consumo no eran tan altos como los de hoy. Pero la realidad es que era así. En el barrio donde crecí (Bellavista, en Sevilla capital), un barrio obrero de toda la vida, podía verse perfectamente. No había excesos. No había riquezas. Pero la gente tenía un nivel de vida más o menos aceptable desde mediados de los setenta hasta mediados o finales de los ochenta. A partir de ahí comienzan los problemas. Comienzan los apuros económicos, el endeudamiento... Por supuesto, todo esto lo digo en líneas generales. Cada persona (y cada familia) es todo un mundo.

Sin embargo, lo que me parece aún más importante es señalar que lo mismo puede decirse de otros países de nuestro entorno. Es decir, que también en Francia, Alemania, Holanda, el Reino Unido o EEUU podía vivirse más que dignamente con un solo salario, sin necesidad de firmar una hipoteca a 30 ó 40 años vista y sin echar mano de créditos de todo tipo hasta para los gastos más corrientes. En fin, que me parece claro que, como afirma quien escribió el comentario, el nivel de vida para las clases populares (esto es, la gente corriente) ha ido sin duda a peor desde entonces. Pero no creo que tenga nada que ver con Franco ni su régimen, puesto que también se observa la misma tendencia en otros países. Estoy convencido de que convendría preguntarse sobre el asunto desde este punto de vista si de verdad queremos llegar a algún punto (esto es, si de verdad queremos extraer conclusiones que nos lleven más allá de la mera pataleta o una inútil nostalgia). Pero mucho me temo que no lo estamos haciendo. {enlace a esta entrada}

[Sun Aug 25 10:39:08 CDT 2013]

A nadie se le oculta la paradoja de que, viviendo como vivimos en una época en la que la ciencia y lo científico (y su primo hermano, la tecnología) son tenidos en alta estima, los dogmas religiosos y las supersticiones de todo tipo se extiendan por el mundo como un reguero de póolvora. Cuidado, porque no critico la religión como compendio de valores filosóficos o narrativa simbólica, algo tan legítimo y quizá positivo como una filosofía o creencia secular, sino que tan sólo critico su vertiente dogmática y literal. En este último sentido, la religión me parece tan negativa como el dogmatismo político secular, que también es responsable de un buen número de crímenes y tropelías. En fin que, como en casi cualquier otro aspecto de la vida, estoy convencido de que depende de la forma de aceptarlo y vivirlo. De todos modos, hoy no quiero tratar este tema aquí. Por el contrario, a lo que iba es a mostrar cómo la ciencia y lo científico también se han convertido en mero fetiche en la sociedad occidental desarrollada, en buena parte, eso sí, por falta precisamente una mínima familiaridad con el método científico. Tomemos, por ejemplo, la noticia recientemente publicada por la cadena de televisión estadounidense ABC con el título Einstein Was Right: Clutter Is Good:

Researchers at the University of Minnesota decided to take a look at a long-established principle of human honesty and productivy —keep your work are clean and you will be more likely to work your tail of, stay honest, be generous with your coworkers, and on and on.

Cleanliness, after all, is next to godliness.

(...)

So [Kathleen] Vohs and her co-workers conducted a series of experiments in Holland and the United States to see if there's an up-side to untidiness. The finding, she said, surprised even the researchers.

A messy work environment, the research suggested, can bring out a person's creativity and lead to the birth of bold ideas. In other words, a less-than-perfect work environment can make a person more likely to think out of the box, or at least above the horizon of those neat people in the office.

Ni que decir tiene que los enlaces a esta noticia han aparecido por las redes sociales por aquí y por allá, simplificando las conclusiones y deformándolas hasta extremos irrisorios. Para empezar, habría que notar que el estudio se limitó al desorden en el ámbito de trabajo, y no en general. Digo esto porque no han sido pocos quienes, habiendo leído la noticia, han sacado la conclusión de que se trata de la excusa perfecta para no volver a limpiar sus casas y dejarlo todo por el suelo. Que yo sepa, el estudio no se ha extendido al hogar, sino que limitó su investigación al ámbito de trabajo. Asimismo, en ningún lugar se habla de suciedad ni pereza, sino tan sólo de desorden, que no es lo mismo. Pero es que, por si esto fuera poco, el propio estudio pone en duda muchas de las conclusiones que la gente ha ido sacando de todo esto:

That doesn't mean that you can set a nitwit in front of a cluttered desk and end up with another Einsten, who is said to have muttered these immortal words: "If a cluttered desk is a sign of a cluttered mind, of what, then, is an empty desl a sign?"

(...)

No amount of clutter is going to make an empty brain creative, but this research indicates that a little clutter may bring out the freshest and most creative side of you.

"The environment doesn't create something that isn't already there," Vohs said. "To the extent that you are creative, it pulls it out of you."

Nótese, sin embargo, una ligera contradicción entre lo que afirma la investigadora y la metodología empleada en el estudio, según el artículo. Si unos estudiantes (esta es otra cuestión importante: la muestra que se usó para hacer la investigación era bastante limitada, tratándose de estudiantes de universidad que, por tanto, representan un segmento muy limitado de la población geneal en términos de edad, clase social y nivel educativo, por no decir nada de los aspectos culturales, pues no se emplearon individuos de países menos desarrollados) fueron asignados a una sala de trabajo desordenada, en tanto que otros fueron asignados a una sala ordenada, no hay forma alguna de observar cómo el orden o el desorden pudiera haber incrementado el nivel de creatividad, puesto que la propia investigadora afirma que el desorden lo genera creatividad, sino que tan sólo incrementa su nivel. Obviamente, esto solamente se podía haber medido reduciendo el estudio a personas que ya hubieran sido identificadas previamente como suficientemente creativas, con todos los problemas que la medición de dicha cualidad conlleva. Así pues, vemos también un problema lógico con la propia metodología del estudio. Hay otros, pero no voy a entrar en ellos.

Más importante aún me parece otra cosa que podemos leer en la noticia, y que viene a descubrir bien a las claras la carga de ideología que incluyen las noticias publicadas en nuestros medios de comunicación:

Those findings resulted from three experiments in which participants were assigned tasks while seated in a neat, orderly office, or in an office that was identical in every way except it was filled with clutter, such as papers on the floor and stacks of files on the desk.

Thirty-four Dutch students were tested to see if the orderliness of the room had any effect on their generosity and sense of needing to do the right thing. At the end of the experiment, for example, the students were asked to contribute to a worthy cause.

Some 82 percent of the students in the orderly room contributed money, compared to only 47 percent in the disorderly room.

As they left the room, they were offered a treat, either an apple or a piece of candy. Participants from the orderly room were more than three times as likely to take the apple. Moral: orderliness brought out a need to do the right thing.

In a second experiment, participants were told to come up with new uses for ping-pong balls to help a manufacturer.

"Participants in the disorderly room generated more highly creative ideas than did participants in the orderly room", the study said.

In the final experiment, 188 American adults were asked to pick from a list of new options to be added to a restaurant's menu. Participants from the orderly room were far more likely to pick a healthy option than were participants from a disorderly room.

A ver si entiendo esto. Resulta que aquellos estudiantes que trabajaban en una sala más ordenada mostraron mayor nivel de solidaridad con el prójimo y mayor capacidad para elegir un alimento saludable frente a otro que les proporcionaba una satisfacción inmediata. Por el contrario, aquellos estudiantes que trabajaban en una sala más desordenada mostraron mayor creatividad. Todo esto aceptando que la metodología del estudio sea correcta. Y, sin embargo, los periodistas de la cadena ABC consideran que ser creativo es "bueno", aunque sea al precio de mostrar menor solidaridad con el prójimo y menor responsabilidad individual. Ya me dirán si no se trata de una clara distorsión ideológica.

En fin, que este es el nivel de la prensa cuando se trata de publicar noticias sobre investigación científica... y este es también el nivel medio de la población de los países avanzados en lo que respecta al tema. El pensamiento crítico brilla por su ausencia y el discurso está trillado de lugares comunes. Es como para echarse a llorar. {enlace a esta entrada}

[Fri Aug 23 10:21:01 CDT 2013]

Ramiro Pinto, el ecologista que se hiciera famoso a mediados de los ochenta por su resistencia pacífica a la construcción del pantano de Riaño, publica en su bitácora una entrada titulada La revolución de los sentimientos de la que me llama la atención la siguiente reflexión:

Para educar los sentimientos se introdujo la asignatura de literatura en los programas de enseñanza, pero se ha reducido a aprender el estilo del autor, la biografía del mismo, una retahíla de obras y comentarios de texto con un molde de respuesta. No hay tiempo para más, hay que aprobar y la juventud que estudia, con los sentimientos a flor de piel, los deja a un lado y creamos una sociedad torpe de sentimientos, donde el sentimentalismo, su falsa vivencia, se evapora en canciones de moda, telenovelas y programas sobre la intimidad de parejas sobre lo cual se ha creado toda una industria.

Ignoro hasta qué punto lo que afirma Pinto sobre la introducción de la asignatura de literatura en los planes de estudio pueda ser cierto, pero creo que tiene bastante sentido, desde luego. De la misma forma que el ensayo nos sirve para la reflexión sobre el mundo que nos rodea y para compartir conocimientos o aprender de quien sabe más, la literatura de ficción (y la poesía) son útiles para fomentar la empatía y, en general, los sentimientos, al menos en principio. Tiene sentido, pues, incluir la asignatura en los planes de estudio, si de verdad lo que nos interesa es educar o formar, y no solamente transmitir los conocimientos necesarios para desempeñarse productiva y eficientemente en un puesto de trabajo, que es precisamente a lo que hemos reducido hoy en día la "educación".

No obstante, me parece que habría que considerar unas cuantas cosas. Por ejemplo, tenemos en primer lugar los comentarios que hace Pinto sobre el aprendizaje del estilo del autor, su biografía y demás. Comparto su idea de que vale de bien poco aprender todo esto de manera mecánica para pasar el examen, como suele hacerse. Y, sin embargo, el análisis del estilo o del contexto histórico en el que se escribe una obra me parece importante. No sólo eso, sino que creo que conviene que los chavales aprendan a analizar una obra artística según esos parámetros que, creo, forman también parte de una educación integral. En fin, como con tantas otras cosas, depende. Depende, fundamentalmente, de cómo se enseñe y cómo se aprenda. Y, en segundo lugar, habría que plantearse hasta qué punto cualquier literatura contribuye a "educar los sentimientos". Corremos aquí el riesgo, creo, de confundir sentimientos con sentimentalismo, como acertadamente advierte Pinto. En este sentido, buena parte de la literatura contemporánea casi se lee como el guión de una película típica de Hollywood, repleta de acción y lugares comunes, esto es, entretenimiento sin más. Dudo mucho que recomendar esa literatura pueda valer de gran cosa. En otras palabras, que hay que andarse con cuidado de no dejarse engañar por las apariencias. El sentimentalismo y lo sentimental son dos cosas bien distintas. {enlace a esta entrada}

[Wed Aug 21 12:23:45 CDT 2013]

Un tal Arturo Iñíguez viene publicando una serie de artículos bajo el título El hoyo en el que estamos y cómo salir de él en la web de Rebelión. El artículo de hoy centra su atención sobre los partidos políticos y su funcionamiento y, la verdad sea dicha, Iñíguez da en el clavo en lo que respecta a cómo funcionan los partidos políticos en nuestro país, por más que duela a mucha gente.

En la práctica, el militante de base no se diferencia mucho del votante. Si quiere llegar a algo en el partido, el joven militante ha de dedicar tiempo y esfuerzo a hacerse remarcar. Llegará un momento en que tendrá que decidir si invierte decididamente en su carrera política (y pasa a ser "político profesional") o se dedica a otra cosa. Una vez quemadas las naves ya no hay vuelta atrás, porque el político profesional no está capacitado para nada más: el capital vital que otros jóvenes estaban dedicando a estudiar y luego a labrarse una carrera profesional, él lo dedicó a trepar la escalera de responsabilidades internas del partido y a tejer la red de apoyos y relaciones que le permitiera seguir propulsándose. Es éste un entorno muy competitivo en el que, como en el fútbol profesoinal, sólo unos pocos llegan a jugar en primera y la mayoría tiene que resignarse a posiciones subalternas. Pero era la carta a la que se habían jugado la vida, y ahora no les queda más remedio que intentar rentabilizar su inversión de la mejor manera posible.

(...)

A las necesidades individuales de los políticos profesionales hay que sumar las colectivas del partido. Nadie se traga a estas alturas que los partidos se financien con las cuotas de los militantes. La conquista del poder cuesta muy cara. Baste para darse cuenta con ver la enorme deuda electoral que arrastra IU, partido que nunca ha obtenido cuotas de poder signiticativas y que por tanto no ha podido rentabilizarlas.

Se nos objetará que la mayoría de la gente qu emilita en los partidos no es así, y nosotros estamos dispuestos a creérnoslo. Aceptemos que los militantes de base, cuya profesión no es la política, responden a un compromiso ideológico sincero. Supongamos ahora que uno de estos jóvenes honrados, movido exclusivamente por el amor a sus conciudadanos, decide un día dedicar su vida entera a esta actividad. ¿Qué probabilidades tiene de llegar a ocupar un alto cargo, primero en el partido y luego en el gobierno?

Esbozábamos antes una comparación entre la política y el fútbol como dos profesiones en que muchos lo intentan y muy pocos lo consiguen. Pero las similitudes se acaban ahí. En el f&uacte;tbol, salvo aberraciones como la de Al-Saadi el Gadafi, los que llegan arriba son los que valen. En política no es necesariamente así. La selección interna en el seno del partido no prima cualidades como la inteligencia o la creatividad sino otras como la disciplina y la lealtad. Este modo de selección responde a una dinámica a la vez vretical (los que ya están arriba se guardarán mucho de dejar subir a otros más brillantes que ellos para que no los eclipsen) y horizontal (mientras nuestro joven bienintencionado dedica su tiempo en el partido a tareas de proselitismo o —por decir algo— de estudio y análisis, sus compañeros más vivos se dedicarán a la adulación y a ganarse la confianza de quienes hayan de facilitar su ascenso). Más invoveniente aún que la capacidad intelectual puede ser un sentido de la honradez demasiado desarrollado, que necesariamente ha de perturbar tanto a los jerarcas como a los iguales (cuya esperanza, no lo olvidemos, es vivir de la política y vivir bien). Los "zelotes" o "jacobinos", una vez detectados, serán discreta e insensiblemente relegados hasta que se cansen y se vayan.

Como decía, cualquiera que haya militado en un partido político español y que sea mínimamente honrado ha de reconocer que todo lo que puede leerse arriba es cierto. Así es como funcionan los partidos políticos en realidad, no en teoría. Y por eso tenemos lo que tenemos. Mientras no cambie eso, de nada valdrá sustituir a PSOE y PP con IU y UPyD. Las prácticas serán las mismas. Los arribistas abandonarán a unos y se unirán a los otros. Poco más cambiará. {enlace a esta entrada}

[Wed Aug 21 11:53:25 CDT 2013]

Perdonen que vuelva a dar la tabarra con el mismo tema otra vez, pero es que los comentaristas y analistas no paran de repetir continuamente los mimos eslóganes y lugares comunes de costumbre. Hoy, por ejemplo, me encuentro con una entrada en la bitácora del economista Juan Torres López en Público donde se pregunta si realmente se está recuperando la economía europea. Nada tengo que objetar al meollo del artículo, la verdad. Como bien afirma Torres, se hace difícil etiquetar un crecimiento del 0,3% como una "recuperación económica" más allá de la mera apreciación técnica de que, cuando se produce crecimiento después de una recesión, pasa automáticamente a considerarse "recuperación". No hace falta ser un lince para darse cuenta de que, mientras que algunos países (Francia o Alemania, por ejemplo) han crecido algo (muy poco), otros (España, Italia o Grecia) siguen hundidos en los números negativos, cuando no en la pura desesperación. Además, habría que preguntarse si todo esto no responde únicamente a factores estacionales. En cualquier caso, no es esa la razón por la que traigo aquí el tema, sino más bien debido a las afirmaciones que hace el autor en el párrafo que cierra el artículo:

Creer que la economía europea va a salir simplemente por inercia de la situación en la que se encuentra es un sueño de verano. Las autoridades alemanas han pisado el acelerador en su país para hacer frente con éxiyto a sus próximo compromiso electoral y eso unido a factores coyunturales como el mayor consumo de energía ha permitido que el PIB repunte ligeramente. La pregunta es paradójica; si con estímulos tan débiles se mejora, ¿qué no se podría conseguir con políticas más contundentes? La respuesta quizá esté, incluso en el marco de las políticas neoliberales convencionales, en Estados Unidos y Japón. Aquí el incremento interanual del PIB ha sido del 1,4% y 0,9% respectivamente, frente a la caída del 0,7% en la Eurozona. Y no hablemos si, en lugar de las políticas algo más heterodoxas pero al fin neoliberales de estos países, Europa ensayara con otras alternativas orientadas a apoyar el bienestar y la equidad, que la historia ha demostrado que son las mejores bases para lograr más progreso y rendimiento económico.

Volvemos a lo de siempre. Ya me duele la boca de tanto repetirlo. ¿A dónde diantres vamos con un sistema económico que necesita permanentemente de un crecimiento económico material para no hundirnos a todos en la miseria? ¿Es que quizá alguien se cree en serio que el crecimiento ilimitado sea posible en un planeta limitado? Se trata de la paja mental de costumbre. Me llena de hastío ver que hasta los economistas más "críticos" no son capaces de ver más allá del corto plazo. Pero es que, además, como ya he afirmado en varias ocasiones, las llamadas "políticas de estímulo" que están siendo aplicadas en EEUU y Japón no son sino más de lo mismo. Están aplicando la misma política que creó la crisis en primer lugar, esto es, usar la metafórica tarjeta de crédito para bombear capital en el sistema, aunque sea a costa de incrementar la deuda aún más. Sencillamente, se trata de un burdo truco. El engaño del trilero. Pan para hoy y hambre para mañana. A tanto ha llegado nuestro nivel de desesperación que dicha "solución" se nos presenta como positiva y loable. {enlace a esta entrada}

[Tue Aug 20 09:38:31 CDT 2013]

Leía hace unos minutos una entrevista con Serge Latouche, teórico del decrecimiento, publicada en el diario El País hace un par de días, y me encontré con el siguiente comentario acerca del crecimiento económico:

— Estamos inmersos en plena crisis, ¿hacia dónde cree usted que se dirige el mundo?

— La crisis que estamos viviendo actualmente se viene a sumar a muchas otras, y todas se mezclan. Ya no se trata solo de una crisis económica y financiera, sino que es una crisis ecológica, social, cultural... o sea, una crisis de civilización. Algunos hablan de crisis antropológica...

— ¿Es una crisis del capitalismo?

— Sí, bueno, el capitalismo siempre ha estado en crisis. Es un sistema cuyo equilibrio es como el del ciclista, que nunca puede dejar de pedalear porque si no cae al suelo. El capitalismo siempre debe estar en crecimiento, si no es la catástrofe. Desde hace treinta años no hay crecimiento, desde la primera crisis del petróleo; desde entonces hemos pedaleado en el vacío. No ha habido un crecimiento real, sino un crecimiento de la especulación inmobiliaria, bursátil. Y ahora ese crecimiento también está en crisis.

La frase que me llamó la atención fue la siguiente: "desde hace treinta años no hay crecimiento". Estoy plenamente de acuerdo, pero estoy convencido de que dicha afirmación sonará algo exagerada (o incluso falsa) a la amplia mayoría de la gente. Después de todo, durante los años ochenta retornamos a la senda del crecimiento, que se vio incluso acelerado durante la década de los noventa, casi una repetición de los maravillosos años veinte, una época de transformación tecnológica y aparición de nuevos multimillonarios de la mano de la nueva industria tecnológica, asociada sobre todo a Internet. ¿Cómo puede Latouche atreverse siquiera a afirmar que no ha habido crecimiento económico desde la primera crisis del petróleo? ¿Está loco? La respuesta, obviamente, es que Latouche no se refiere al crecimiento económico "con truco" que hemos vivido, sino a un crecimiento económico "real". En otras palabras, y esto ya lo he dicho en otras ocasiones, lo que vimos en las últimas décadas no fue un auténtico crecimiento, sino más bien mera especulación basada en la liberalización del sector financiero para que hiciera su "magia" (esto es, se inventara "productos" que no eran sino castillos en el aire) y, sobre todo, en la expansión imparable y suicida de la deuda pública y privada. O, para explicarlo de otra forma, no hubo crecimiento, sino que nos limitamos a darle a la manivela de la maquinita de fabricar papel-moneda. La crisis que estalló en el 2007-2008 es, precisamente, la consecuencia directa de aquello. {enlace a esta entrada}

[Thu Aug 15 13:26:58 CDT 2013]

Ayer me encontré con una entrevista que el historiador Josep Fontana concedió a El Periódico de Catalunya hace unos meses en la que Fontana nos advierte de unas cuantas cosas que haríamos bien en recordar:

— La tesis ya estaba en su anterior libro. ¿El nuevo es una actualización, un epílogo, un resumen?

— Lo que ha pasado es má bien lo siguiente: cuando acabé aquel libro la crisis siguió avanzando y tuve más claras algunas cosas. Que hay una inflexión muy importante, que posiblemente había intuido pero de la no que no había acabado de ver la transcendencia. Acabé aquel libro cuando la crisis teóricamente aún parecía una crisis. Pero es un proceso de mucho más alcance, iniciado en los años 70 y que aquí ha tomado fuerza después del 2008, y por el que se ha aprovechado el tinglado de la recesión para ir a un proceso de destrucción del Estado del bienestar; no solo los costes de la sanidad pública, la educación pública o el sistema de pensiones, sino un cambio en las reglas del juego que vino claramente mostrado con la reforma laboral. La naturaleza de este proceso es de una gravedad y una profundidad que nadie preveía. La esperanza de que pudiese haber algún tipo de cambio de trayectoria no era una esperanza que hubiese desaparecido. En estos momentos, la profundidad del desastre y la evidencia de que se trata de un cambio de larguísima duración, que puede continuar y tener unas consecuencias catastróficas, es una evidencia muy clara.

— Un proceso que empezó en Estados Unidos pero que acaba llegando a Europa, sostiene.

— Quería explicar los procesos por los que esto ha ido avanzando, la ocupación de la política por los intereses económicos, que es cada vez más visible. Solo hace falta ver cuál ha sido la reacción de los estados europeos ante la crisis bancaria. Excepto en Islandia, se ha optado por preservar todo lo posible el sistema. Está claro que aquí no había ningún problema de deuda pública hasta que no han asumido la deuda bancaria. El siguiente paso es la privatización del Estado mismo, el proceso de vender a los ciudadanos, y el establecimiento de un sistema represivo eficaz. Debemos darnos cuenta de que esta no es una situación temporal de la que se saldrá. A lo mejor habrá ciertos elementos de crisis que se paren, aunque de momento los síntomas, por ejemplo en Inglaterra, no son estos. Pero incluso si saliéramos de la crisis, el mundo en el que usted vivirá no será el mundo en el que habrá vivido antes de ella, sino que habrá cambiado profundamente.

— Empieza diciendo que en ningún lugar está escrito que las cosas tengan que ir mejor. Pero acaba citando a dos autores que mantienen que la única oportunidad es que el sistema no resistar que las cosas vayan aún peor.

— Para mí, la reflexión como historiador va más lejos. Fuimos educados en la idea de que la historia era una narración de progreso continuado, pero comienzas a ver que esta historia no era verdad, que hay progresos y descensos y que todo está vinculado básicamente a la capacidad de lucha que hay en cada momento determinado para exigir unos derechos sociales. Que las cosas vayan a peor no es imposible. La única cosa que podría dinamitar esto es que se llegara a un momento en el que se tuviera miedo a que un estallido social profundo pudiera poner en peligro las reglas del juego, como en los años 70 y 80 desempeñó el papel de la amenaza de la URSS a la hora de hacer posible la subversión del sistema. Lo que pasa es que este está bien preparado para evitarlo. Tiene unos recursos crecientes de información y capacidad para atacar y desmontar el tipo de protesta que se puede producir.

(...)

— ¿Y los movimientos de protesta?

Pero no hay alternativas. Que salgan en manifestación chiquillos no importa a nadie. Mientras vayan a la Puerta del Sol o la plaza de Catalunya y sus padres volten al PP o a CiU, no hay nada que hacer. ¿De dónde tendría que venir este estallido social? El movimiento que parecía que iba a ser el futuro, el de Occupy y los indignados, sigue funcionando pero está completamente controlado, en el sentido de que está disgregado. Se están haciendo cosas pequeñas, aisladas, frente a unos medios para controlarlas que son cada vez más eficaces. Y eso que en Europa tienen mucho que aprender de EEUU, seguramente porque tienen pocas amenazas de las que preocuparse. Los movimientos de protesta y de queja son aún de una naturaleza muy puntual. Representan solo intereses sectoriales y no consiguen movilizar nada en una gran escala. Movilizarse contra las hipotecas para conseguir la dación en pago es poner una cataplasma. Pueden dormir tranquilos por este lado, y evidentemente duermen tranquilos. Aunque de momento, desde el Ministerio de Justicia se empieza, por un lado, a penalizar la protesta de manera que te puedan llevar a la cárcel por cualquier cosa, y por el otro a dificultar los medios de acceso a cualquier tipo de reclamación.

Creo recordar que he escrito algo muy parecido en estas mismas páginas hace un tiempo. Quizá lo haya hecho incluso en varias ocasiones. Estoy de acuerdo con Fontana cuando afirma que la Historia no garantiza un progreso continuado, sino que los progresos dependen de la capacidad de lucha y movilización que los sectores populares tengan en cada momento determinado. Y, en este sentido, vivimos momentos más bien bajos, la verdad. Caído el Muro de Berlín, ya no existe la "amenaza roja" de antaño, al tiempo que el capitalismo ha logrado dividir a la clase trabajadora mediante el uso de reformas laborales, la expansión de su lógica consumista y competitiva a todas las esferas de la vida social y la disgregación de la fuerza de trabajo mediante trucos como el teletrabajo o la externalización. Por si todo esto fuera poco, la vida en comunidad ha ido desapareciendo a marchas forzadas, sustituida por un consumismo imparable y la dichosa televisión. En definitiva, que hay más bien poca capacidad de movilización real. Me refiero aquí a movilización profunda y continuada en el tiempo, no a simples protestas y manifestaciones puntuales.

Pero es que, ademáls, por si esto fuera poco, tenemos otro asunto que me parece de extrema importancia: la falta de un claro sistema de ideas o filosófico que venga a servir de aglutinador de todas estas protestas que estamos viendo. Antaño, dicha función la cumplía claramente el socialismo, pero de un tiempo a esta parte se trata sin lugar a dudas de una ideología que ha caído en el descrédito. No se trata aquí de ver si el descrédito del socialismo es merecido o no. Sea como fuere, pensemos lo que pensemos, la realidad es la que es. Quizá convenga volver a reconstruir una filosofía alternativa usando todos los retazos que aún sean aprovechables del pasado. {enlace a esta entrada}

[Thu Aug 15 12:45:57 CDT 2013]

Jorge Riechmann se pregunta en su bitácora sobre una contradicción lógica que debiera en realidad preocuparnos a todos:

Todos quieren construir economías "basadas en el conocimiento"... Todos quieren situarse en lo alto de las cadenas de "valor añadido"... ¡Todos quieren estar en lo alto de las pirámides de explotación! Lo malo es que una pirámide sin base, que sólo conste de vértice, es una contradicción lógica...

Ciertamente. Con esto sucede lo mismo que con la estrategia económica de salir de la crisis a través de las exportaciones. Si todo el mundo exporta, ¿quién importa? Son preguntas, claro, que nadie se plantea. Son preguntas incómodas que muestran bien a las claras que es el sistema mismo el que está montado sobre unos cimientos que no son nada firmes. Y, como nos empeñamos en verlo todo desde dentro del sistema, usando las "gafas del sistema", todo se ve del color de sus cristales y no acertamos a proponer sino "soluciones" de medio pelo que jamás conducirán a ningún sitio que valga la pena.

Pero ya lo veo venir. Se me dirá: "bueno, pero aunque no todo el mundo pueda exportar, tenemos que asegurarnos de que nosotros sí lo hagamos, para así solucionar nuestro problema; que los demás se las avíen como buenamente puedan". Es decir, el argumento de siempre. Seamos "competitivos" para salvarnos nosotros, aunque el resto del mundo se hunda en sus propios excrementos. Obviamente, no tienen en cuenta que, en realidad, no somos sino un nudo más en una enorme red que cubre todo el planeta. Todos estamos en el mismo barco y, si nos hundimos, nos hundimos todos juntos, por más que unos viajen en primera clase y otros en tercera. Ha llegado el momento de que tratemos de buscar una salida para todos, y no sólo para nosotros. De lo contrario, corremos el serio riesgo de despeñarnos todos juntos. {enlace a esta entrada}

[Wed Aug 14 12:14:59 CDT 2013]

Ayer leía un artículo en la web de Rebelión titulado Redes sociales y deformación del lenguaje que me pareció sumamente interesante, no tanto por la diatriba del autor contra quienes cometen claros errores gramaticales u ortográficos cuando se expresan por escrito como por lo que el autor decía sobre el debate en democracia y el "derecho a opinar":

En el debate democrático cuenta la calidad de las opiniones, es decir, su consistencia respecto de aquello a lo que las mismas se refieren. Un debate en el que no importa la calidad de lo que se dice no es un debate democrático, sino un juego demagógico. Asimismo, las opiniones que entran en la arena del debate democrático deben tener, además de calidad, razonabilidad. No entender esto es confundir la democracia con la demagogia.

En las llamadas "redes sociales" facilitadas por la televisión para que la gente opine se dicen, muchas veces, cosas absurdas, las cuales ameritarían una corrección inmediata si se tratara de una auténtica práctica democrática (dialógica y crítica). Lo que se tiene, en realidad, es un aguacero de opiniones y valoraciones dichas, las más de las veces, de manera ligera e irresponsable y que nadie corrige o refuta, con lo cual visiones distorsionadas de las cosas quedan en el aire.

Por supuesto que hay opiniones valiosas, pero lamentablemente se diluyen en el mar de comentarios ligeros y, las más de las veces, confusos. O sea, lo bien dicho es nulificado por la abundancia de mensajes sin sentido.

(...)

En el marco democrático, que confluyan y se confronten distintas opiniones es importante porque a partir de esa dinámica se puede lograr una mejor aproximación a la verdad, lo cual no se logra sumando opiniones, sino eligiendo las más razonables y contrastables de cara a la realidad. Es decir, no todas las opiniones valen lo mismo. Creerlo es profesar no la democracia, sino la pseudodemocracia. No tener la decencia de corregir a quienes escriben barbaridades, lejos de apuntalar la democracia, la debilita y sumerge al pueblo en la niebla de la ignorancia idiomática que es algo ciertamente grave para una vida social medianamente civilizada.

Como decía, el objetivo último del autor es criticar las opiniones pobremente expresadas con una gramática u ortografía incorrectas en las susodichas redes sociales. De ahí esa referencia final a la "ignorancia idiomática". A mí, la verdad sea dicha, no me preocupa tanto la pureza lingüística como el contenido de las opiniones (sin que por ello, obviamente, defienda la idea de que todo vale cuando se trata de usar el idioma). En este sentido, si una persona con poco más que la educación básica expone unas ideas profundas y acertadas que contribuyen al debate democrático, no me preocupa tanto que lo haga con alguna que otra (incluso muchas) faltas de ortografía e incorrecciones lingüísticas. Al fin y al cabo, me parece, no está de más abrir el debate democrático a todos los sectores de la sociedad, incluso los más pobres y menos educados... eso sí, siempre y cuando sus opiniones merezcan la pena, sean medianamente profundas, las hayan reflexionado y no insulten a la inteligencia media del resto de los ciudadanos. En otras palabras, que estoy de acuerdo con el autor que las redes sociales, en su mayor parte, solamente contribuyen al ruido mediático, al circo de opiniones que se nos vende como claramente democrático pero que, en realidad, no es sino un ácido que disuelve todo lo que de valor pueda quedar en el discurso público. Hay excepciones, como siempre. Y conviene buscarlas, claro. Pero, por lo general, es así. Otra magnífica herramienta que hemos acabado por utilizar para los fines equivocados. {enlace a esta entrada}

[Wed Aug 14 11:08:01 CDT 2013]

Si hace unos días escribía sobre la ralentización de la economía mundial, ayer estuve leyendo una noticia publicada por El País anunciando que el crecimiento anual de Japón se ha frenado al 2,6% hasta junio. Conviene no olvidar que, hace tan sólo un par de meses, Japón decidió seguir la senda de Bernanke y pasar a una política de estímulos mediante la compra de deuda por parte de su banco central, que es lo mismo que lleva haciendo la Reserva Federal estadounidense desde hace ya timpo. Pues bien, como puede leerse, no está resultando del todo:

Lo cierto es que los datos del PIB arrojan luces y sombras. Luces, porque la economía sigue creciendo por encima de su potencial (establecido en el 0,1% trimestral); porque el plan de estímulo del Gobierno ha contribuido en tres décimas al crecimiento anual y el consumo privado ha sumado otras cinco décimas. Pero también ofrece sombras porque la inversión empresarial sigue sin recuperarse y cayó un 0,4%; y porque el comercio exterior neto apenas contribuyó en dos décimas al crecimiento, pese a que el yen se ha depreciado un 15% desde noviembre.

Esos débiles mimbres cuestionan los siguientes pasos en los planes económicos de Abe, que ya ha anunciado una subida de tres puntos del IVA —del 5% al 8%— a partir del próximo mes de abril, y otros dos puntos en 2015. La decisión de seguir adelante o no con la subida de impuestos dependerá de si la estadística confirma en septiembre los datos preliminares del PIB. En los años noventa otra subida de impuestos dio al traste con la incipiente recuperación económica.

No me parece moco de pavo. Entre otras cosas porque el Gobierno japonés tiene serios problemas con el descontrol de su déficit y el alto nivel de endeudamiento, algo que también se menciona en la noticia:

El gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, ha insistido en varias ocasoines en la necesidad de seguir adelante con el aumento del IVA, por varias razones. La primea, porque la amenaza de provocar un frenazo en la recuperación forzará al gobierno japonés y a los parlamentarios a aprobar una batería de reformas estructurales aplazada desde hace años y, en segundo lugar, porque el incremento de los ingresos es fundamental para garantizar avances en la consolidación fiscal. Por primer vez en la historia, la deuda pública japonesa superó el trillón de yenes (unos 8,5 billones de euros) a finales de junio y el Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé para este ejercicio que alcance el 247% del PIB.

Kuroda, además, ha ganado cierta autoridad porque la política monetaria empieza a dar algún resultado, que también debe consolidarse. El deflactor del PIB, una medida amplia de la evlución de los precios, se redujo un 0,3% entre abril y junio, la menor caída desde el tercer trimestre de 2009. Sin embargo, la clave pasa por una recuperación de la renta de los hogares, que aún no se vislumbra. En junio, los salarios reales cayeron un 0,2%.

En otras palabras, que Japón, como EEUU, ha entrado en la senda de una política de "gran salto adelante" que no hace sino incrementar la deuda en un desesperado intento de que la economía vuelva a despertar. En definitiva, se está intentando crear otra burbuja que tire del carro, por más que se sepa que, obviamente, a medio y largo plazo, dicha burbuja estallará igual que las otras y volverá a hundirnos en otra crisis. Así funciona el sistema. No hay vuelta de hoja... a no ser que nos atrevamos a intentar algo nuevo, con todos los riesgos e incertidumbres que ello supone, por supuesto. {enlace a esta entrada}

[Sat Aug 10 10:35:04 CDT 2013]

Vivimos en un mundo conquistado por el dogma de lo políticamente correcto, donde se nos dice constantemente qué tenemos que pensar, hacer y decir para poder ser considerados "normales" o, peor aún, "en la onda". Hay ciertas cosas que no se pueden decir ni defender y otras que se supone que tenemos que asumir sin más. Así, por ejemplo, aunque no me encuentro entre quienes niegan la existencia del cambio climático, ni tampoco entre quienes ponen en duda que la actividad humana sea probablemente su principal causa, no me queda más remedio que reconocer que éste es precisamente uno de esos asuntos en los que simplemente se asume cuál debe ser la opinión que debemos tener porque sí, porque se nos dice que debe ser así. De alguna manera (y no voy a echar mano de teorías conspirativas, pues no hay prueba alguna al respecto), los medios de comunicación nos dicen lo que hay que creer, y ahí vamos todos como borregos repitiendo las últimas consignas. En eso, la verdad, no nos diferenciamos demasiado de los regímenes autoritarios. El ser humano, a fin de cuentas, es gregario por naturaleza. Hay excepciones pero, por lo general, es así. Y, como digo, no creo que se trate de una conspiración hábilmente planeada en los cuarteles generales de la corrupta élite política, financiera, elecsiástica o de cualquier otro tipo. Por el contrario, me parece que la cosa es mucho más compleja y responde, en parte, sí, a los intereses materiales de quienes tienen el control (porque, no nos engañemos, algunos, una minoría, controlan los medios de comunicación, tienen acceso directo al poder y cuentan con interesantes "contactos" aquí o allá, mientras la amplia mayoría de la población se limita a vivir sus vidas), pero en su mayor parte puede explicarse por otras razones más enrevesadas (la inercia de unos mecanismos previamente establecidos, el espíritu gregario, el afán por "caer bien", la ambición personal, etc.). Así, mientras unos se creen a pies juntillas todo lo que nos intente vender el sistema establecido, otros optan por lo contrario, esto es, por creerse todo tipo de teorías conspirativas y seguir como borregos lo que indique otro grupo "alternativo". Sea como fuere, lo que no está muy bien visto (nunca lo estuvo) es aplicar el pensamiento crítico a todo (tanto a lo establecido como a lo "alternativo") y reflexionar sobre los asuntos.

Viene todo esto a cuento de una imagen que ha estado dando vueltas por Facebook últimamente. No se trata de una imagen que tenga mucho de especial, la verdad. Como ésta ha habido otras muchas antes.

Veamos. Antes de que nadie se me eche a la yugular, habrá que comenzar por despejar las dudas respecto al mensaje principal de la imagen. Sí, me parece maravilloso que tres jóvenes mujeres hayan dedicado el tiempo y el esfuerzo a trabajar en tres inventos que pueden contribuir bastante a nuestras sociedades. Es más, creo que se trata de un modelo a seguir. Me encantaría ver a muchos más jóvenes dedicarse a este tipo de cosas. Son un ejemplo tanto para las jóvenes generaciones como para las chicas. Asimismo, vienen a demostrar de forma palpable que las mujeres son tan capaces de dedicarse a la investigación científica como los hombres (por si alguien lo ponía en duda). Todo eso está muy bien. No creo que nadie lo dude. No creo que nadie lo critique.

¿Entonces, cuál es el problema? Aquí es donde entramos en arenas movedizas. Cuando se ven este tipo de fotos y videos, más vale que se calle uno porque, de lo contrario, si se atreve a poner en duda cualquier cosa, automáticamente le apedrean a uno virtualmente con insultos de todo tipo, acusaciones de ser un cascarrabias, pesimista, negativo, etc. Créanme. Me ha sucedido varias veces. Y lo más curioso de todo es que, invariablemente, nadie dice nada sobre las razones que haya podido emplear. Las respuestas son siempre acusaciones ad hominem e insultos de todo tipo. Lo cual, por supuesto, indica que se ha tocado una fibra sensible de nuestra sociedad. La cuestión es qué fibra pueda ser esa. Y, en este caso, el dogma en el que todo el mundo quiere creer es que, sí, ciertamente las generaciones pasadas y los adultos de hoy en día hemos echado a perder el planeta con nuestro desmedido gusto por el bienestar material, pero... ¡aquí llegan las nuevas generaciones para salvarnos a todos! ¡Mirad qué maravillosos son! ¡Qué creatividad! ¡Qué inocencia! ¡Qué inteligencia! ¡Qué magníficas intenciones! ¡Qué espíritus más puros! Ese es el mensaje de fondo. Seamos honestos. Cuando vamos por ahí compartiendo este tipo de imágenes o videos, en realidad no nos importan tanto los jóvenes que aparecen en ellos (ni tampoco sus invenciones, dicho sea de paso) como tener la esperanza de que alguien (las nuevas generaciones) va a venir a salvarnos antes de que nos despeñemos por el acantilado. Porque eso sí que lo tenemos todos bien claro. Nos dirigimos sin pausa, pero con cada vez mayor velocidad, hacia el acantilado. De ahí la agresiva reacción con la que mucha gente responde a cualquier comentario crítico sobre este tipo de cosas.

Pero entremos en el fondo del asunto: ¿por qué digo que en realidad no hay nada en estos inventos que me llene de esperanza? Al fin y al cabo, la amplia mayoría de internautas (de hecho, la aplastante mayoría de nuestra sociedad, esté o no conectada a la Red) sí que se siente bien alborozada al enterarse de cosas como ésta. ¿Será que soy en realidad un viejo cascarrabias, lleno de resentimiento contra el mundo entero, sobre todo la gente más joven? En realidad, no debiera llevar más que un poco de reflexión para darnos cuenta de que algo falla en la ecuación. Al poner nuestra fe en este tipo de invenciones, lo que en realidad estamos haciendo es esperar (con algo de desesperación, añadiría yo) que seamos capaces de encontrar la solución mágica (y, por supuesto, la magia hoy en día es siempre tecnocientífica) para evitar la catástrofe final hacia la que sabemos que nos estamos dirigiendo sin necesidad de hacer sacrificio alguno ni cambiar nuestro estilo de vida. En otras palabras, que lo que esperamos es la pildorita mágita. La aspirina que venga a solucionar el problema sin que tengamos que cambiar nuestro estilo de vida. Por supuesto, dicha píldora no existe. De sobra es conocido que las píldoras suelen eliminar o reducir los síntomas de la enfermedad, pero no la curan. Solamente nos conceden un respiro mientras nuestro organismo se esfuerza por expulsar a los agentes invasores. En este caso, no hace falta ser un séneca para darse cuenta de que un recargador de baterías de móvil que sea más rápido solamente contribuirá a un mayor uso de energía, que las bananas para producir el plástico "respetuoso con el medio ambiente" han de producirse en algún sitio (y que, de hecho, si este tipo de plástico se convierte en algo suficientemente popular, tendremos que incrementar la extensión de tierras dedicadas al cultivo de plátanos) o que las linternas obtienen su energía de la palma de nuestras manos se producen con recursos naturales que tienen que salir de algún lugar (y que, por cierto, a menudo acabamos consumiendo más de un determinado producto precisamente porque lo vemos como "ecológico" y no tenemos mala conciencia). En definitiva, que nada de esto vendrá a solucionar los graves problemas ecológicos que tenemos entre manos, porque en realidad la causa última del problema tiene bien poco que ver con el uso de tal o cual tecnología y mucho que ver, por el contrario, con todo un estilo de vida, con una filosofía de vida, una cultura, una civilización que lleva ya varios miles de años viendo la naturaleza como un objeto a nuestro servicio, en lugar de ver al ser humano como un elemento más integrado en la naturaleza. Al fin y al cabo, ésa y no otra es la raíz del problema. Y ninguno de estos inventos vienen a abordar ese problema. Pero, vuelvo a repetir, por último, me parece maravilloso, digno de elogio y un ejemplo magnífico para todos que estas tres chicas hayan trabajado en estas invenciones. Ésa no es la cuestión. {enlace a esta entrada}

[Sat Aug 3 16:32:10 CDT 2013]

Aunque nadie me lo diga a la cara, seguramente no son pocos los amigos y conocidos que me consideran un molesto aguafiestas. Por ejemplo, aún recuerdo cómo a finales de la década de los noventa o poco despu´s del 2000, un buen amigo estadounidense me hablaba con entusiasmo del artículo titulado The Long Boom, publicado por la revista Wired, en el que se sostenía que la economía estadounidense estaba en los prolegómenos de una larga etapa de imparable crecimiento económico gracias a los avances tecnológicos, la desregulación de los mercados y otras tonterías por el estilo. Yo, por mi parte, advertía a mi emocionado amigo que los propios mecanismos de la economía capitalista llevan unidos el concepto de fases cíclicas de crecimiento y recesión que difícilmente iban a desaparecer porque un par de iluminados intoxicados por el subidón de sus respectivos porfolios de inversiones en Bolsa no fueran capaces de distinguir la realidad de sus propios sueños. Y, efectivamente, no tuve que esperar mucho tiempo para que mi amigo acabase por darme la razón... ¡incluso varios años antes de la Gran Recesión del 2007!

Bueno, pues ahora hace unos años que volvemos a las andadas. Mis amigos estadounidenses, emocionados por el hecho de que la economía del país parece haber vuelto a remontar el vuelo tras la enorme crisis que comenzara en 2007-2008, parecen estar convencidos ahora de que lo peor ya queda atrás cuando yo, por mi parte, no lo tengo tan claro. Y no creo que tenga nada que ver con el pesimismo, sino más bien con el análisis más o menos objetivo de los datos económicos que tenemos sobre la mesa. La economía estadounidense crece, sí, pero a un ritmo demasiado lento como para siquiera llegar a recuperar el empleo perdido durante estos últimos años. Y, para colmo, crece fundamentalmente debido a la política monetaria expansiva de una Reserva Federal que está comprando deuda en el mercado a un ritmo de 85.000 millones de dólares al mes. O, para explicarlo en román paladino, que una parte significativa del crecimiento es debida a la máquina de imprimir billetes del señor Bernanke. Y, si pese al frenético ritmo con el que se están imprimiendo billetes, la inflación no se desboca, ¿qué nos dice eso con respecto a la capacidad del consumidor estadounidense para relanzar la economía? Y no debemos olvidar que el consumo doméstico ha representado tradicionalmente unos dos tercios del PIB estadounidense. Y, por si todo esto fuera poco, no hay más que hacer una búsqueda en la Web para encontrar las aterradoras cifras de la deuda, tanto pública como privada, al tiempo que se entera uno de que los políticos no parecen ser capaces de ponerse de acuerdo para controlar el déficit del Estado. Mientras tanto, como guinda final, ni siquiera porque el valor del dólar haya bajado han sido capaces los estadounidenses de exportar más de lo que importan. Su balanza de pagos viene siendo deficitaria desde mediados de los años setenta. Uno se pregunta qué sentido puede tener afirmar una y otra vez, como se hace por estos lares, que la economía de los EEUU es "la más competitiva del mundo" cuando lleva varias décadas sin se capaz de vender más de lo que compra. A lo mejor es que uno no entiende bien qué pueda significar el ser "competitivo". Y, por último, tenemos también la creciente disparidad de ingresos, los bajos salarios y el aumento de la precariedad laboral (sí, incluso mayor de lo que había sido nunca en un país donde el despido libre domina la economía). Eso sí, hasta los medios de comunicación españoles ponen la sordina al hablar de todo esto. Por ejemplo, hoy leemos en El País que Estados Unidos reduce el ritmo de creación de empleo en julio. Cuando uno entra a leer la noticia descubre casi inmediatamente que el titular, sin duda, se queda algo corto:

El dato, por tanto, es peor de lo esperado en lo referente a la creación de empleo. Además, se revisaron ligeramente a la baja las cifras de junio y mayo, rebajando los 195.000 puestos de los que se hablaba en esos meses. Donde la realidad sí ha superado —en una décima— a las previsiones es en los datos del paro, para el que se esperaba una tasa del 7,5%, pero eso se debe en buena medida a que se apartó más gente del mercado laboral.

(...)

Hay otro detalle que la Fed no pierde de vista al orientar su política. Y es que aunque el sector privado es el principal motor del crecimiento en el empleo, la mitad se está creando a través de agencias temporales, lo que no se está traduciendo en una ocupación a tiempo pleno para aquellos que lo desean. Además, los salarios son muy inferiores, por debajo de los 16 dólares la hora.

El indicador de julio revela en este sentido varias cosas negativas. El paro afecta al 23,7% de los jóvenes y el desempleo de larga duración al 37% del total de desocupados. Hay 11,5 millones de personas sin trabajo. La tasa de participación está estancada en el 63,4%, la más baja en tres décadas. Los empleados a tiempo parcial son el 8,2%, a los que hay que sumar que hay 2,4 millones de personas que no buscan empleo de forma activa.

O sea, que resulta que, aunque las cifras de desempleo se reducen "ligeramente", la tasa de ocupación lleva estancada ya bastante tiempo, lo cual indica claramente que, en realidad, el desempleo desciende porque hay más gente saliendo del mercado de trabajo que los que están entrando. Y, para colmo, un 8,2% de quienes trabajan ha sido contratados a tiempo parcial y los salarios son bastante más bajos de lo que eran en el pasado (lo cual, teniendo en cuenta el nivel de vida y los precios por aquí, no debe llenar a nadie de optimismo). En fin, que no acierta uno a ver motivo alguno para alegrarse sobre la evolución de la economía estadounidense. Yo, si acaso, lo que predigo es una ralentización a corto o medio plazo (que bien pudiera convertirse incluso en una nueva recesión) cuando la Reserva Federal no tenga más remedio que poner fin a las medidas de estímulo y los políticos de Washington se den cuenta de que tienen que hacer algo respecto al problema del déficit del Estado.

Pero ahí no queda la cosa. Hace mes y pico leí otro artículo sobre el PIB mundial, esta vez publicado por la revista británica The Economist, en el que se advierte sobre la progresiva ralentización de la economía mundial ahora que las economías emegentes parecen haberse gripado. La gráfica incluida en el artículo ya es suficientemente elocuente:

Todo parece indicar que, tras la recuperación que se dio durante el 2010, ya a finales de aquel mismo año comenzó a verse una progresiva ralentización de la economía mundial que no ha hecho sino acelerarse a partir del 2011 aproximadamente. La gráfica, desde luego, no debiera levantar mucho el ánimo de cualquier observador más o menos objetivo.

Pero, ¿por qué no estoy convencido de que estemos en vía de recuperación? Son varias las razones. Tal y como apuntaba con respecto a la economía estadounidense, las razones últimas de la crisis del 2007-2008 ni siquiera se han tocado. Nos hemos limitado a adoptar dos políticas al respecto: la austeridad exacerbada que se está aplicando en Europa (cuyo efecto principal no puede ser otro que reducir el consumo y, con él, el PIB) o el seguir echando mano de deuda bajo la guisa de política de estímulos, que es lo que se está haciendo en EEUU y, más recientemente, también en Japón. Ni lo uno ni lo otro puede revitalizar la economía. Las políticas de austeridad porque, como decíamos, reducen el consume y, por tanto, no harán sino reducir también la actividad económica y, si acaso, aumentar el déficit fiscal del Estado. Y, por lo que hace a las políticas de estímulo, se basan en la misma lógica que se aplicó antes de la crisis del 2007-2008: vayamos de fiesta en fiesta, sin miedo, que la tarjeta de crédito está ahí para sacarnos de apuros... hasta que deja de estar ahí, claro. En fin, que la famosa política de estímulo de Obama y Bernanke se me antoja que es poco más que una gigantesca estafa piramidal que, tarde o temprano, pasará factura a los estadounidenses. En ese sentido, como he dicho en otras ocasiones, aunque sin duda no guste a nadie, creo que las líneas maestras de la política de austeridad marcadas por Angela Merkel me parecen más o menos correctas a largo plazo, aunque el problema es que no veo cómo pueda funcionar dentro de la lógica del capitalismo, que es el sistema económico en que vivimos. Lo que me parece mal no es la austeridad, sino cómo se practica (esto es, a quiénes se les aplica).

A ver si consigo aclarar unos cuantos puntos. La crisis económica que se inició en 2007-2008 solamente podía resolverse a corto plazo dentro de los esquemas del sistema económico capitalista adoptando una de las siguientes salidas: primero, convenciendo a China de que se convirtiera en la locomotora de la economía mundial, lo que implicaba un cambio radical en su política económica, pasando a convertirse en importador neto de productos, en lugar de exportador neto, y aumentando así el nivel adquisitivo de su población; segundo, continuando más o menos con el mismo esquema de relaciones entre las grandes potencias económicas (esto es, con unas economías desarrolladas fundamentalmente importadoras y unas emergentes fundamentalmente exportadoras), pero reduciendo al mismo tiempo el nivel de deuda pública y privada en los países desarrollados, al tiempo que reduciendo salarios y cortando prestaciones sociales, lo cual evidentemente no tendría más remedio que producit un crecimiento económico más bien modesto y renqueante; y, tercero, un escenario de todos contra todos en el que economís emergentes y desarrolladas se lanzan a una guerra comercial y de divisas, el desapalancamiento de la deuda se lleva a cabo de manera desorganizada, los recortes sociales y salariales reducen el nivel adquisitivo de la población de los país desarrollados de forma drástica y se acaba en una segunda recesión que bien pudiera llevar a serios conflictos internacionales. La verdad es que ahora, a mediados del 2013, no acierto a ver qué otras posibilidades puedan caber. De hecho, me atrevería a afirmar que, en los últimos años, se ha desechado la primera salida posible que indicaba arriba, lo cual nos deja con las otras dos (esto es, crecimiento lento y renqueante o segunda recesión y caos internacional). Y ahora, por si fuera poco, todo parece indicar que nos estamos empezando a acercar al tercer escenario, lo cual me parece bien preocupante. Si seguimos así, la crisis de los años treinta puede quedarse en pañales al lado de lo que nos queda por ver. Para más inri, habría que observar que incluso la primera salida reseñada arriba no es jauja, ni mucho menos. De hecho, se hace difícil concebir un mundo en el que la población china en su conjunto comience a consumir siquiera el equivalente a una fracción más o menos presentable de lo que consume el estadounidense o europeo medio. Sencillamente, el planeta no sería capaz de soportarlo. En otras palabras, que de los tres modelos o escenarios que he descrito, el que podría verse como más positivo desde la perspectiva de la lógica capitalista es, al mismo tiempo, el que más problemas acarrearía desde un punto de vista ecológico. O, para ponerlo de otra forma, bien pudiera ser que el sistema capitalista haya encontrado finalmente la horma de su zapato.

Dicho todo esto, ¿por qué afirmo que una cierta política de austeridad no me parece tan negativa? ¿Cómo se me ocurre decir algo así? ¿Acaso no estoy viendo los efectos que dicha política está teniendo en Europa? Ciertamente, lo estoy viendo. Y no me refiero a la política de austeridad de Merkel. Lo que nos hace falta, creo yo, es una austeridad que tenga en cuenta, por un lado, los límites ecológicos del planeta y, por otro, sea capaz de distribuir la carga de forma equitativa entre los diferentes agentes sociales. Pero, de una u otra forma, no acierta uno a ver cómo pueda ser posible seguir con esta alocada carrera hacia adelante en que nos adentramos tras la Segunda Guerra Mundial, en la que no hacemos sino quemar, consumir, agotar y dilapidar recursos naturales que, en su mayor parte, tardan siglos en reponerse. La solución ecológica a la crisis que afrontamos en estos momentos (y, por cierto, también la solución igualitaria o socialista) debe incluir sin duda un elemento de austeridad, aunque sea una austeridad acompañada de calidad de vida y, por supuesto, justicia social. De lo contrario, no haremos sino cavar una fosa aún más profunda que la que hemos cavado hasta ahora. La elección es nuestra. {enlace a esta entrada}

[Sat Aug 3 15:30:28 CDT 2013]

Hay veces que conviene contar las verdades del barquero, aunque no guste y aunque no case muy bien con las ideas que profesa uno mismo. De lo contrario, no se actúa con honestidad intelectual, que es lo menos que se nos puede pedir como ciudadanos interesados en el mundo que nos rodea. Viene todo esto a cuento de una noticia que se está extendiendo por las redes sociales en la que se afirma que la FAES, la fundación asociada al PP, dice que "la emancipación femenina, la extensión de la educación y la longevidad ponen en riesgo el Estado de Bienestar. El caso es que, cuando uno lee la noticia se da cuenta de que no es la FAES la que hace estas afirmaciones, como se dice en el titular de la noticia, sino que son más bien las reflexiones de una profesora de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED que ha escrito un artículo sobre el tema en la revista de la fundación. O, lo que es lo mismo, que el titular es falso. Así de claro. No porque se trate de una falsedad dicha para atacar a quienes en un principio se encuentran en una trinchera ideológica bien opuesta a la mía voy a decir que me parece un comportamiento correcto. Lo siento mucho, pero se trata de distorsión y manipulación, lo haga la derecha, la izquierda, la Iglesia o el mismísimo Dios bendito. Eso debiera quedar bien claro a cualquier persona con una inteligencia media y un poco de vergüenza.

Pero, en cualquier caso, mi problema con la noticia va bastante más allá de la burda manipulación con fines ideológicos en que han caído quienes publican esa web. El tema es que, cuando entra uno a analizar las afirmaciones de la profesora, se da cuenta de que en realidad se está limitando a hacer una descripción más bien objetiva de la realidad:

El salto de las mujeres al mercado laboral si bien ha servido para aumentar los ingresos fiscales del Estado, admite la autora, ha llevado consigo un retraso de la nupcialidad, un descenso de la natalidad, y, por lo tanto, "una reducción de contribuyentes" futuros. Además, las mujeres han dejado de ocuparse "de los miembros más vulnerables" de la familia, esto es, del cuidado de los ancianos, lo que ha provocado a su vez "un aumento de la inestabilidad estructural de las familias" y la exigencia al Estado de que se encargue de la atención a esos mayores.

Por su parte, los ancianos, que cada vez viven más años gracias a las políticas del estado de Bienestar, "presionan al alza el gasto en pensiones y también, aunque en menor medida, el gasto sanitario y el dedicado a otras prestaciones sociales". A ello se une que la "amplia oferta educativa pública y subvencionada" ha supuesto "una ganancia agregada en cualificación de mano de bra" en una economía que no se ha sabido adaptar a dicho mercado de trabajo, "lo cual ha originado con frecuencia desempleo y sobrecualificación".

En definitiva, según [Elisa] Chuliá, ilos llamados Estados del Bienestar "han procurado logros sociales que, no obstante, desafían su propia sostenibilidad" o, lo que es lo mismo, todo ello ha redundado "en un aumento de la carga fiscal, amenazando el mantenimiento de su oferta de servicios y prestaciones". Pero con ser esta una conclusión demoledora, llega más lejos al afirmar tajante que es "una triste certeza" que las economías de os Estados del Bienestar tienen "desventajas económicas" frente a otras "desreguladas y menos protegidas socialmente", por lo que se hace necesario, a su juicio, introducir "ajustes" de manera tal "que se cumplan funciones sociales primordiales sin sofocar el crecimiento económico y la creación de empleo, y sin hipotecar el progreso del conjunto de la sociedad".

Pero, vamos a ver, ¿me quiere decir alguien dónde está el escándalo? Que yo se sepa, todo esto ya lo había dicho a mediados o finales de la década de los setenta James O'Connor, un economista y sociólogo neomarxista a quien poca gente puede acusar de simpatías con el neoliberalismo (al menos cuando lanzó esas ideas, pues no he seguido su carrera y no tengo ni idea de dónde habrá acabado el buen señor). De hecho, como decía anteriormente, todo lo que hace Chuliá es, en realidad, una mera descripción objetiva de la encrucijada en que se encuentra el Estado de Bienetar en estos momentos. Podrá gustar más o podrá gustar menos. Se puede pensar que la solución a sus problemas está en la desregulación neoliberal, en hacerle unos cuantos ajustes para que siga funcionando (ésta suele ser la apuesta socialdemócrata) o, incluso, tirarlo por la borda junto al mismo sistema capitalista en que se desarrolla. Y seguro que se nos ocurren otras posibles respuestas a la crisis actual, incluyendo combinaciones de las tres que acabo de mencionar. Ahora bien, lo que debe quedar bien claro es que la descripción de Elisa Chuliá se ajusta a los hechos, por mucho que su artículo haya salido publicado en la revista de una fundación de la derecha. Por favor, maduremos un poco y dejemos de verlo todo como si fuésemos fanáticos de una hinchada de fútbol. {enlace a esta entrada}