[Tue Feb 2 12:12:28 CET 2010]

La noticia se ha ido extendiendo como la pólvora misma durante el día de hoy. Según publican los medios de comunicación, Obama ha anunciado que no vendrá a Madrid en mayo para la cumbre diplomática entre EEUU y la UE. En palabras del periodista de The New York Times:

In addition to the palpable sense of insult among European officials, there is a growing concern that Europe is being taken for granted and losing importance in American eyes compared with the rise of a newly truculent China.

(...)

American officials said that Mr. Obama felt that the previous major American-European summit meeting, last June in Prague, was a waste of time, and European Union officials said that the preseident even skipped a leaders' lunch at the smaller European Union-United States meeting in Washington last November, sending Vice president Joseph R. Biden Jr. instead, something they said that President George W. Bush would never have done.

Como era de esperar, la reacción en nuestro país ha sido tan paleta y corta de miras como de costumbre, apuntando el dedo acusador hacia Zapatero, a quien se ve como culpable directo del desprecio de Obama, de la crisis económica internacional y, si les dejamos, hasta del terremoto en Haití. El caso es que, en lugar de centrarnos en el problema como tal y reconocer que, de hecho, Europa está perdiendo importancia en la esfera internacional, preferimos lanzarnos puyas los unos a los otros y tratar de obtener unos cuantos votos más en las próximas elecciones a costa del Gobierno. La verdad es que no sólo Obama advierte que estas reuniones son una pérdida de tiempo, sino que hasta Felipe González —a quien no hace mucho le encomendaron que se encargara de un grupo de reflexión para salir del impasse en que se encuentra el continente entero, lo cual indica evidentemente ya de por sí que el problema no se lo están inventando los americanos por hacernos la puñeta— lleva ya meses advirtiendo que la UE está hundiéndose lentamente en el cenagal de la Historia, pasando a formar parte del club de los que ayer pintaron algo en la escena internacional pero que hoy no son necesarios sino para decorar. Tanto como nos hemos reído siempre de los británicos y su ridículos aires de grandeza, y ahora resulta que Europa a una está cayendo en el mismo error. Nuestro papel en la escena internacional se me representa cada vez más como el de esos jueces británicos que aparecen en la sala cubiertos con sus empolvadas pelucas del siglo XVII: pintoresco y entrañable, pero completamente inútil y desfasado. O, lo que es lo mismo, un recordatorio de lo que fuimos.

El caso es que hace ya tiempo que Europa prefiere asistir de espectador a los acontecimientos internacionales, limitándose a comentarlo todo desde la barrera, evitando meterse en problemas y esforzándose por congraciarse con todo el mundo. Como he escrito en otras ocasiones en estas mismas páginas, nos podemos permitir las constantes críticas hacia la política exterior estadounidense —apareciendo siempre como el bueno de la película— a costa de no pintar absolutamente nada en el escenario internacional más allá de la mera retórica buenista. La verdad, somos muy dados a las declaraciones de intención. Un ejemplo: ¿cuántas veces no habremos establecido ambiciosos objetivos de reducción de CO2 que jamás llegamos a cumplir? ¿Y qué decir de los objetivos que nos marcamos para la creación de empleo o la competitividad de nuestra economía? Casi se diría que somos los líderes de la palabrería, pero completamente incapaces de llevar nada a la práctica. ¿Tiene algo de extraño, pues, que Obama no quiera perder el tiempo en una reunión "al más alto nivel" que no va a conducir absolutamente a nada práctico?. Más vale que, en lugar de sentirnos despechados por Obama, nos planteemos en qué estamos fallando nosotros mismos y pongamos soluciones cuanto antes mejor. {enlace a esta historia}