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[Wed Mar 10 14:47:40 CET 2010]A juzgar por el editorial publicado hoy por El País Zapatero no convenció en la entrevista que concedió a TVE anoche. La verdad es que no puedo hablar de la entrevista como tal porque no la vi. No obstante, no me extrañaría nada que el editorialista estuviera en lo cierto. Porque, seamos sinceros, no me parece correcto negarle buenas intenciones al Presidente del Gobierno. Tampoco creo justo negarle algunos aciertos en su gestión, sobre todo durante su primer mandato. Pero también tenemos que reconocer que Zapatero no es Felipe, no tiene su carisma ni tampoco, lo que me parece más preocupante, su capacidad de liderazgo. Cuando el editorialista de El País le echa en cara que no aprovechara la entrevista para compartir con los ciudadanos "una visión política que jerarquizara las prioridades en un discurso claro" no queda más remedio que echar un vistazo atr´s y observar con algo de sorpresa que se hace bien difícil explicar cuál fue el proyecto de Zapatero ya desde el principio. Sí, es el Presidente más claramente de izquierdas que hemos tenido desde la Transición. Eso ya lo reconocí en su momento. Sí, tiene un claro compromiso con las políticas sociales y está dispuesto a plantar cara por ellas. Todo eso es cierto. Pero lo que falta casi desde el principio es un proyecto claro y consistente, una historia que exprese en un par de párrafos qué es lo que se quiere hacer desde el Gobierno de la nación. Esa crítica me parece justa, la verdad. Hay quien dice que Felipe González no fue sino un peón de la derecha y los intereses empresariales. Muy bien. Pero aún hoy soy capaz de explicar en pocas palabras en qué consistía su proyecto de cambio: modernizar las estructuras políticas, sociales y económicas para ponernos a la altura del resto de Europa, al tiempo que fuéramos insertándonos poco a poco en la realidad internacional por primera vez desde que nuestro imperio se fue al traste. Que nadie me pida que haga lo mismo con el proyecto de Zapatero porque sería incapaz. Le da a uno la sensación de que, en vez de proyecto, lo que se hace es improvisar constantemente conforme van surgiendo los problemas, sobre todo una vez pasadas las reformas iniciales, introducidas todas ellas durante los dos primeros años de gestión. Casi se diría que la política de Zapatero es más estética que otra cosa, y en lugar de proyecto tenemos "actitud" y posicionamientos basados en los prejuicios progres de siempre. Poco más. En este sentido, me parece que Felipe tenía mucha más capacidad intelectual, quizá porque nunca pensó dedicarse a esto de la política profesional en tanto que Zapatero lleva ahí toda su vida. Sea como fuere, a uno le queda la sensación de que Felipe tenía un proyecto y se encontró con el poder, mientras que Zapatero se encontró con el poder y... en fin, nunca se planteó demasiado en serio qué diantres quería hacer con él. No me cabe duda de que tarde o temprano saldremos de la crisis. A lo mejor hasta salimos de ella antes de las próximas elecciones generales. Pero de lo que no me cabe la menor duda es de que estamos ya ante un claro final de ciclo y, si Zapatero continúa después del 2012, lo hará en unas condiciones tan penosas como el Felipe de 1993. Sencillamente, parece claro que él quiere continuar. Lo que nadie sabe es por qué ni para qué. He ahí el problema. {enlace a esta historia} [Wed Mar 10 12:31:55 CET 2010]Ya he dejado escrito en otras ocasiones que por estos pagos tenemos una derecha muy especial que, ciertamente, ha ido mejorando algo y poniéndose al día en los últimos veinte años o así, pero que todavía adolece a menudo de un exceso de tradicionalismo arcaico y una clara falta de modernidad y liberalismo, pese a la retórica ultraliberal que adoptan algunos de sus líderes para diferenciarse de la dirección. Viene todo esto a cuento de la desproporcionada reacción del PP a la campaña publicitaria "Esto lo arreglamos entre todos" (en este otro enlace pueden leerse los comentarios de Estegan González Pons sobre el asunto). Sencillamente, lo que en otros países es moneda de uso corriente (esto es, que surja una iniciativa desde la sociedad civil con financiación de algunas renombradas empresas y la participación de unos cuantos nombres que cuentan con el reconocimiento social para fomentar tal o cual mejora de la vida en común) aquí se convierte automáticamente en herramienta arrojadiza para el simulacro de debate político a que nos tienen acostumbrados nuestros dirigentes, que casi viene a ser como una pelea de patio de colegio con insultos, regañinas, rabietas y (últimamente) hasta peinetas. Como decía, muy poco liberal tiene que ser una derecha que es incapaz de aceptar que la sociedad civil, a través de fundaciones de distinto tipo, cobre protagonismo en la vida política, pero eso es lo que tenemos. Para nuestra desgracia, más de treinta años de democracia aún no han sido suficientes ni para remozar nuestros partidos y obligarles a adoptar las formas de una auténtica democracia interna, ni tampoco para que los políticos aprendan a aceptar modestamente las limitaciones del papel que les toca jugar en un entorno en el que quien de verdad debe llevar la voz cantante es la sociedad como tal. Aún arrastramos los modales autoritarios que heredamos del franquismo y nos empeñamos en exigir que sea siempre el Gobierno quien resuelva todos los problemas como por arte de magia, sin participación ni corresponsabilización de los ciudadanos. Y, claro, así llega el momento en que nos damos de bruces con la realidad y descubrimos que las ansias de modernización tienen un límite. Hace falta relanzar una nueva era de profundas reformas que afecten no sólo a nuestros partidos políticos o nuestra economía, sino también a nuestra Administración y, lo que es más importante, a la propia sociedad. De lo contrario, nos quedaremos estancados donde estamos. {enlace a esta historia} [Tue Mar 9 12:07:51 CET 2010]Leo en El País que el Consejo de Europa defiende la libertad de las mujeres a vestir el burka si lo consideran apropiado y no me queda más remedio que mostrar mi acuerdo con la decisión, por poco que me guste la prenda como tal. Y es que en asuntos como éste sucede a menudo que no sabemos distinguir entre lo que nos parece apropiado, correcto o aceptable y, por otro lado, lo que debiera estar o no permitido. De la misma forma que numerosas prendas de uso corriente en la amplia mayoría de sociedades occidentales pueden considerarse igualmente denigrantes contra la dignidad de la mujer (sobre todo aquellas que subrayan los aspectos más eróticos de la anatomía femenina) y, sin embargo, las permitimos siempre y cuando se elija libremente usarlas, no veo porqué debamos comportarnos de otra forma con respecto a este otro tipo de prendas. La clave, por supuesto, está en que la mujer elija libremente usarlas. Creo, por tanto, que tiene razón el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Thomas Hammarberg, cuando afirma que "las mujeres deberían ser libres para elegir cómo visten, sin interferencias de sus comunidades ni de las autoridades", advirtiendo que supondría además una clara "invasión de su vida privada". Lo que más me llama la atención en todo este asunto es que sean precisamente ciertos sectores progresistas que hasta hace poco ridiculizaban la mentalidad autoritaria y pacata de la Iglesia y los grupos más tradicionalistas los que defiendan ahora la injerencia del Estado en cómo hayan de vistar las mujeres. Casi pareciera que, en lugar de oponerse al excesivo intervencionismo de un Estado paternalista en nuestra esfera privada por lo que ello conlleva de recorte de nuestras libertades individuales, prefieran optar por oponerse o no dependiendo del sentido de dicho intervencionismo (esto es, si se trata de una normativa que se identifica con su línea ideológica, se la justifica sin mayor problema, mientras que cualquier intervención estatal en favor de la línea contraria se critica como "autoritaria"). Sencillamente, me parece algo contradictorio este posicionamiento. Y que conste que, como advertía al principio, no siento atracción ni simpatía alguna por el burka ni ninguna prenda parecida, pero me parece que en esto debe aplicarse la misma máxima que en muchos otros casos y permitir la libertad individual siempre y cuando no coarte la libertad de los demás. {enlace a esta historia} [Sat Mar 6 16:33:30 CET 2010]Aunque se trata de algo que apareció en la prensa hace ya varios días (a principios de semana, si mal no recuerdo), no podía dejar pasar la oportunidad de comentar la propuesta que hizo la CEOE para crear un nuevo tipo de contrato dirigido a los jóvenes que no incluye prestación por desempleo, cotización a la Seguridad Social ni indemnización por despido. La descripción de dicho contrato, según figura en El País, casi nos retrotrae a los tiempos de Dickens: Para empezar, la comparación con el caso francés está traída un poco por los pelos, pues en el país vecino se aplican este tipo de contratos únicamente a aprendices que están incorporándose por primera vez al mercado de trabajo, por lo que tengo entendido. Ni que decir tiene que la intención de la CEOE va mucho más allá de aplicar dicho contrato a aprendices de entre 17 y 18 años, como viene sucediendo en Francia. Más bien al contrario, la propuesta tiene el inconfundible tufillo de ahondar aún más en lo que nuestros empresarios saben hacer muy bien: esparcir precariedad por allá donde pisan. Veamos. El nuevo modelo de contrato que propone la CEOE no es, ni con diferencia, un contrato de inserción laboral para muchachos barbilampiños, sino que se extiende hasta los jóvenes de 30 años de edad. En otras palabras, que vendría a aplicarse a un buen número de trabajadores que ya llevan años en el mercado y aún no han encontrado la ansiada estabilidad económica (y lo que les quedaría con un modelo como éste). En este sentido, convendría ver las cosas con un poco más de perspectiva y plantearse cómo puede uno mantener este tipo de propuestas y, al mismo tiempo, quejarse de que en nuestro país las generaciones más jóvenes "no se atreven a emanciparse" o "tardan demasiado en crear familias" y "asumir las responsabilidades propias de la vida adulta". En fin, se trata de una queja que proviene típicamente de las filas conservadores precisamente, pero que ni siquiera parecen plantearse cuando les afecta a sus bolsillos. Si de verdad queremos promover la emancipación de los jóvenes, no se me ocurre peor propuesta que la que hace la CEOE. Algo bien distinto sería si la limitan verdaderamente a los más jóvenes, como sucede en Francia. Si el objetivo es proporcionar la primera oportunidad a un chaval de diecisiete o dieciocho años de desenvolverse en el mercado laboral, bienvenida sea la idea. Pero es que, además, la propuesta va claramente dirigida al objetivo de garantizarse una mano de obra barata hasta bien entrados los treinta años. No voy a entrar a discutir las consecuencias que pueda tener dicha medida en el resto de los trabajadores, que a partir de este momento tendrían que competir con chavales dispuestos a trabajar por un salario ridículo y sin los derechos laborales que se vienen considerando más elementales desde al menos mediados del siglo XX. Ni siquiera hace falta entrar a discutir ese tema porque la verdad es que la propuesta peca de un cortoplacismo que sólo puede darse en una clase empresarial tan miope como la que tenemos en este país, pues mientras todos los países de nuestro entorno están esforzándose en salir de la crisis mejorando su capital humano, invirtiendo en educación e investigación y fomentando la competitividad de su mano de obra, por aquí quieren competir en costes salariales y precariedad en el puesto de trabajo. Es una auténtica vergüenza que sólo viene a probar la falta de espíritu emprendedor entre nuestros empresarios, más dados al juego del tocomocho y la ganancia instantánea a base de especulación que a la construcción de empresas sólidas y capaces de competir en los mercados internacionales (con alguna que otra excepción, por supuesto). {enlace a esta historia} |